Indicadores por área básica de salud: una nueva herramienta para la promoción de la salud comunitaria

30 Nov
Angelina González Viana, Dolores Ruiz Muñoz

La salud depende mayoritáriamente de factores situados fuera del sistema sanitario, como son los determinantes socioeconómicos, y es por este motivo que se considera que la acción intersectorial y la participación son elementos clave para una atención integral centrada en la persona y la comunidad. La Estrategia Nacional de Atención Primaria y Comunitaria (ENAPISC) pretende implementar un nuevo modelo de atención primaria con el objetivo de fortalecerla para que sea el eje vertebrador del sistema sanitario. Además, situa la orientación comunitaria como eje transversal y prioritario.

La orientación comunitaria tiene que ver con actuaciones a nivel de los y las profesionales de salud, actuaciones en la consulta individual y de la organización del equipo de atención primaria y tiene que ver también con la acción comunitaria a nivel de barrio o municipo, donde trabajan conjuntamente profesionales de salud pública, del municipio, entidades y ciudadanía. La acción comunitaria supone poner en funcionamiento un proceso dinámico e iterativo, que se distribuye en una serie de “fases”, como se muestra en la siguiente figura. La identificación de activos y necesidades a partir de la cual definir intervenciones es un punto muy importante del proceso.

En este contexto es fundamental disponer de datos fiables y robustos por áreas pequeñas, que permitan hacer una primera aproximación al diagnóstico comunitario y que aseguren la homogeneidad de cálculo para cada territorio. Para facilitar esta parte metodológica de la acción comunitaria, en el marco del Plan Interdepartamental e Intersectorial de Salud Pública (PINSAP), se han seleccionado, definido y calculado un conjunto de indicadores básicos a nivel de áreas básicas de salud (ABS) que permitan la comparativa tanto entre territorios como con los datos de Cataluña.

Para definir el conjunto de indicadores se creó un grupo de trabajo con expertas del Departamento de Salud. Participaron la Dirección General de Planificación en Salud, la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS), el CatSalut y la Agencia de Salud Pública de Cataluña. Se realizó una selección de indicadores a nivel de área básica de salud, basada tanto en la detección de problemas de salud prioritarios como en sus determinantes, a partir de datos disponibles.

Grupo de trabajo de indicadores por área básica de salud del Departamento de Salud de Cataluña

Dolores Ruiz, Iria Caamiña, Adriana C. Freitas, Angelina González, Carmen Cabezas

 

Anna Mompart, Anna Puigdefàbregas, Antònia Medina, Anna Schiaffino

 

A partir de este trabajo, finalmente se seleccionaron 38 indicadores (4 demográficos, 3 socioeconómicos, 9 de morbilidad, 6 de mortalidad, 4 de estilos de vida, 1 de prácticas preventivas, 9 de recursos y uso de servicios sanitarios, y 2 de entorno físico).

Los indicadores se facilitan en forma de tabla dinámica, que permite visualizar de una manera sencilla los resultados de los diferentes indicadores para cada área básica de salud, y en formato de tabla por pestañas y de tabla en formato plano, formatos que permetin realizar otros cálculos a partir de los datos, ya que disponen de los numeradores y denominadores de cada indicador, además de las tablas brutas y estandardizadas, cuando es el caso.

Todos los indicadores se presentan sistemáticamente por sexo y territorio, y se actualizarán anualmente. A modo de ejemplo, mostramos detalle de estas visualizaciones.

 

Detalle de la tabla dinámica

 

Detalle de la tabla por pestañas

 

 

Detalle de la tabla en formato plano

También se ha publicado una guía para la creación del informe de salud a partir de estos indicadores. La guía incluye un apartado sobre la metodología y fuentes de datos de los indicadores seleccionados, a la vez que hace recomendaciones de cómo realizar el informe de salud, proponiendo algunas tablas y y gráficos para presentar los resultados.

Estos indicadores facilitan la realización de un informe de salud de forma ágil y sistemática. Se contempla ir revisando, en cada actualización, las mejoras que se vayan detectando a medida que los indicadores se utilicen, ya sea en la definición concreta de los indicadores como en la incorporación de nuevos indicadores. Próximamente se hará una actividad formativa sobre la utilización de esta herramienta.

La priorización a nivel político-estratégico de la salud comunitaria y el trabajo colaborativo de expertas ha permitido disponer de unos indicadores básicos que facilitan la implementación de la salud comunitaria y permite agilizar procesos metodológicos hasta ahora complejos.

Entrada elaborada por Angelina González Viana y Dolores Ruiz Muñoz, del grupo de trabajo de indicadores por área básica de salud del Departamento de Salud de Cataluña.

La salud y la pobreza son hereditarias: ¿Intentamos remediarlo?

17 May
Anna Garcia-Altés
Anna García-Altés

En los últimos años la pobreza infantil ha aumentado en Cataluña como consecuencia de la crisis económica. Según datos del Idescat de 2016 -los últimos disponibles-, y desde el 2009, los niños son el colectivo con un mayor riesgo de pobreza, por encima de la población adulta y por encima también de la población de 65 años y más.

“Salut y pobreza infantil. ¿Qué nos dicen los datos?” fue el nombre de la conferencia que se impartió en el marco del acto de celebración del Día Mundial de la Salud 2018.

En la conferencia se pusieron de relieve los datos relativos a la infancia del último informe sobre los efectos de la crisis en la salud de la población publicados por el Observatorio del Sistema de Salud de Cataluña: los niños con menor nivel socioeconómico presentan hasta 5 veces más morbilidad, consumen más fármacos (el triple de psicofármacos) que el resto de la población infantil, visitan con más frecuencia los centros de salud mental (5,9% de las niñas y un 11,4% de los niños frente al 1,3 y el 2,2% en las niñas y niños de mayor nivel socioeconómico) e ingresan más en los hospitales (45 niñas y 58 niños por cada 1.000 frente  a 13 y a 26, respectivamente) y especialmente por causas psiquiátricas.

El estado de salud de los niños depende en buena parte de la economía de sus progenitores y los que pertenecen a familias con menor nivel socioeconómico presentan más problemas de salud, un hecho que puede tener consecuencias nefastas en otros ámbitos como el educativo y el social, y que condiciona su futuro. Este hecho se agrava en el caso de los niños que tienen discapacidades o enfermedades crónicas y que aún sufren más el impacto de la pobreza en su salud porque en algunos casos su cuidado requiere productos específicos que las familias no pueden comprar.

Este es uno de los problemas que tenemos ahora mismo encima de la mesa. Hay  evidencia científica creciente, tanto desde la biología como desde las ciencias sociales, de la importancia de los primeros años de vida (incluyendo la exposición en el útero) en la formación de las capacidades que promueven el bienestar a lo largo del ciclo de vida. La infancia también es un transmisor estructural de las desigualdades, tanto desde el punto de vista de la salud como desde la vertiente socioeconómica. Los niños y niñas que pertenecen a familias con pocos recursos, si no se actúa, corren el riesgo de llegar a adultos con peor salud, menor nivel educativo y socioeconómico que el resto.

¿Qué podemos hacer? Por supuesto hay que fortalecer el estado del bienestar, con reformas estructurales e institucionales que ahora más que nunca son necesarias. La política educativa es fundamental, sobre todo reforzando la educación primaria, garantizando la igualdad de oportunidades y poniendo el foco en aquellos niños en situaciones desventajosas. Una vez en la edad adulta, son necesarias también políticas activas de trabajo. Y desde las políticas de salud, a pesar de su carácter eminentemente paliativo, es especialmente importante la atención primaria y comunitaria, y garantizar la atención a todos los niños y niñas.

Entrada elaborada por Anna García-Altés (@annagaal).

Un indicador para una financiación de la atención primaria más justo

7 Abr
Cristina Colls

Recientemente, el gobierno catalán ha comunicado su voluntad de incrementar el peso que se atribuye al nivel socioeconómico de los territorios en el momento de determinar el presupuesto de cada equipo de atención primaria.

Este hecho nos invita a plantearnos una pregunta: ¿por qué es importante tener en cuenta la desigualdad económica en la financiación de los equipos de atención primaria?

La influencia de las desigualdades socioeconómicas en la salud de la población es un hecho ampliamente estudiado desde los años 60 del siglo pasado y del cual hay evidencia tanto en el ámbito internacional como en el nacional.

Sabemos que las personas de menor nivel socioeconómico tienen más probabilidad de morir antes de los 65 años y que presentan más problemas de salud tanto físicos como mentales a lo largo de toda su vida. Por tanto, es lógico pensar que necesitan hacer un uso más intensivo de los recursos sanitarios.

También sabemos que la desigualdad social se traduce en una distribución desequilibrada de la población en el territorio, concentrando los problemas sociales más graves en determinados municipios o barrios con unas unas necesidades de atención sociales y sanitarias más elevadas que el resto de territorios.

Es en este contexto que si se quiere garantizar la equidad en la asignación de los recursos hay que poner más allí donde hay más necesidad. Entonces, ¿dónde hay que poner más recursos?

Los profesionales de los equipos de atención primaria son los más cercanos a la ciudadanía y, por tanto, tienen una visión global de las necesidades sanitarias de la población de su territorio.

Además, la primaria es el ámbito de referencia de las actividades preventivas, del control de las enfermedades crónicas y desde donde se coordina buena parte de la actividad comunitaria. Por todas estas razones es necesario que la dotación de los equipos de atención primaria tenga en cuenta las condiciones socioeconómicas de la población que atiende.

¿Cómo podemos saber cuál es la situación socioeconómica de los territorios donde trabaja cada equipo de atención primaria? Existen muchas variables que nos dan información indirecta (renta, empleo, educación, condiciones de la vivienda, entre otros) pero si queremos una clasificación única necesitamos un único índice que sintetice todos estos aspectos; es lo que llamamos un índice de privación.

Los índices de privación han sido ampliamente utilizados como herramienta para las políticas sociales porque permiten establecer una priorización objetiva de áreas territoriales pequeñas de menos a más nivel socioeconómico. El concepto “privación” hace referencia a las necesidades no satisfechas como consecuencia de la falta de recursos, no únicamente económicos.

Todos los índices de privación se construyen adicionando resultados de diferentes indicadores socioeconómicos. El peso que se atribuye a cada indicador puede ser teórico, es decir, basado en la contribución que se considera que ese indicador tiene sobre el fenómeno de la privación; o bien resultado de un modelo estadístico multivariante.

A fin de poder clasificar las áreas básicas de salud (territorios de referencia de un equipo de atención primaria) de acuerdo con su nivel socioeconómico, en AQuAS se ha construido un índice llamado indicador socioeconómico compuesto que sintetiza siete indicadores: población exenta de copago farmacéutico, población con rentas inferiores a 18.000 €, población con rentas superiores a 100.000 €, población con ocupaciones manuales, población con instrucción insuficiente, mortalidad prematura y hospitalizaciones potencialmente evitables.

La metodología estadística empleada para el cálculo de este indicador ha sido el análisis de componentes principales. La aplicación de esta metodología ha permitido obtener un mapa socioeconómico de Cataluña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La aplicación del indicador socioeconómico compuesto se ha llevado a cabo en el marco de la redefinición del modelo de asignación de recursos a la atención primaria y ha permitido identificar cuáles son los equipos de atención primaria que incrementarán su dotación presupuestaria en los próximos años.

Este nuevo modelo de asignación de recursos a la atención primaria es una experiencia de aplicación de la evidencia científica a la acción política.

Entrada elaborada por Cristina Colls.

Las políticas públicas en tiempos de crisis

28 Ene

SalutPoblacióPor lo que ha sucedido en períodos de crisis económica ocurridos en otros tiempos y otros contextos se sabe que puede haber un aumento en la mortalidad de la población (tanto general como por algunas causas específicas como el suicidio), un aumento de los problemas de salud mental y un empeoramiento de los estilos de vida. También se sabe que las desigualdades en salud pueden aumentar, sobre todo debido a que la crisis afecta más a los grupos inicialmente en posiciones más vulnerables.

El segundo informe del Observatorio sobre los efectos de la crisis en la salud de la población, que se presentó en público justo antes del descanso navideño, hace un seguimiento estrecho de los principales indicadores socioeconómicos y de salud a nivel territorial (por comarcas) y analiza su evolución. También analiza la relación entre indicadores socioeconómicos y los indicadores de salud, y proporciona información para definir o redefinir estrategias dirigidas al abordaje de los efectos de la crisis a partir de las necesidades detectadas a través del informe.

En este periodo de crisis en Cataluña, el paro –sobre todo el de larga duración– ha aumentado, y la producción (el valor añadido bruto de la economía) ha disminuido. La renta disponible de los hogares ha disminuido, la proporción de la población que estaba por debajo del umbral de pobreza ha aumentado, especialmente el grupo de personas menores de 16 años, y el porcentaje de familias que ha recibido transferencias del sistema de protección social ha aumentado.

La reducción de los ingresos públicos se tradujo en una disminución de los presupuestos, incluyendo el presupuesto del Departamento de Salud, notoria sobre todo a partir de 2011 hasta 2013. El sector salud tuvo que ajustarse y hacer la misma actividad con menos recursos, mejorando la eficiencia e intentando no perjudicar la cantidad y calidad de los servicios sanitarios. Sin embargo, en el periodo 2007-2013 la esperanza de vida se ha incrementado 1,8 años (1,5 en mujeres y 2,6 en hombres), como también lo ha hecho la esperanza de vida en buena salud.

Sin embargo, el impacto de la situación económica en la salud de las personas se hace patente: las personas en paro presentan una peor salud autopercibida, especialmente aquellas personas paradas desde hace más de un año, y una mayor prevalencia de riesgo de mala salud mental. De forma similar el consumo de tabaco, que se reduce en el global de la población, aumenta en las personas paradas, sobre todo entre los hombres. El consumo de riesgo de alcohol también es mayor en las personas desempleadas.

Focalizando el análisis en los grupos de población más vulnerables, el informe compara el grupo de población de 15 a 64 años que está exento de copago de farmacia (básicamente, personas paradas que han perdido el derecho al subsidio, con rentas de integración social o con pensiones no contributivas) con la población que realiza copago. En Cataluña el año 2014 había 187.775 personas de 15 a 64 años exentas de copago (2,3% de la población). Las personas exentas tenían el doble de probabilidad de consumir psicofármacos que la población con copago, y una probabilidad 1,5 veces mayor de ser ingresadas en el hospital. Este grupo realizó un número de visitas a la atención primaria 1,4 veces más alto, y fue atendido en centros de salud mental 3,5 veces más.

Es un hecho que las políticas públicas –sociales y económicas– tienen una influencia en el nivel de salud de la población y que modulan la influencia que tienen los factores socioeconómicos, el género y la inmigración en las desigualdades en salud. Las políticas de protección social parecen ser eficaces para amortiguar la influencia de las fluctuaciones macroeconómicas en las tasas de mortalidad. Las políticas orientadas a la equidad contribuyen a mejorar las desigualdades en salud. Poco tienen que ver las consecuencias que tuvo la crisis de Rusia de principios de los años noventa con las de Finlandia de la misma época, y las políticas desarrolladas por ambos gobiernos son la principal causa.

Dada la complejidad y el impacto múltiple que producen las crisis económicas, el abordaje desde las políticas públicas para paliar sus efectos debe ser intersectorial. Herramientas como el Plan interdepartamental de Salud Pública (PINSAP) son claves para garantizar esta aproximación transversal, actuando sobre los determinantes de la salud para reducir o eliminar las desigualdades en salud. También es primordial mantener políticas de protección social (prestaciones de desempleo, prestaciones de jubilación, ayudas familiares, etc.) para mitigar la disminución de los ingresos familiares y sus consecuencias, pero estas deben ir acompañadas de políticas de fomento del empleo y de la reincorporación rápida al mundo laboral. Las políticas educativas son el otro gran pilar, dada la relación existente entre educación, nivel de ingresos y salud, y el hecho de ser un elemento que actúa de “ascensor social” entre generaciones. Las políticas dirigidas a los grupos más vulnerables, como la población de menos ingresos y la población infantil, merecen también una atención especial.

Por último, es imprescindible que el despliegue de todas estas políticas públicas sea evaluado a medio y largo plazo, a fin de ir validando su utilidad e impacto, y posibilitar su adaptación a los cambios que se vayan produciendo en el entorno.

Entrada elaborada per Veva Barba, Dolores Ruiz-Muñoz y Anna García-Altés (@annagaal)