Hacia una investigación enfermera con (más) impacto

15 Mar
Núria Radó

¿Qué hace que una investigación determinada tenga un impacto en la sociedad más allá de lo estrictamente académico y que sea, realmente, transformadora? ¿Es posible plantear una serie de acciones que, como quien sigue una receta de cocina, nos lleven directamente al impacto social deseado? Lamentablemente, la respuesta es no. El impacto es multifactorial y depende de tantos elementos y actores diversos que resulta difícil establecer una fórmula para garantizarlo.

Pero esto no significa que obtener un impacto social determinado sea un fenómeno totalmente aleatorio y que no haya forma de preverlo, facilitarlo o promoverlo. Ya hace años que desde el grupo de Evaluación de la Investigación de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS) y con la ayuda y complicidad de la comunidad de práctica internacional ISRIA identificamos una serie de facilitadores del impacto de la investigación.

Un facilitador fundamental son las personas y los valores, cultura y capacidad de liderazgo que tengan. Dos resultados de investigación exactamente iguales pueden tener impactos diferentes si la capacidad de liderazgo, impulso y voluntad de llegar más lejos del impacto académico es diferente. Pero no es suficiente. La estrategia, organización, colaboraciones y apertura que tengan y promuevan las instituciones será un enorme facilitador o bloqueador para los investigadores que han llevado a cabo la investigación.

Finalmente, tanto las personas como las instituciones requerirán de dos elementos indispensables para aspirar al impacto: por un lado, una comunicación cercana y eficaz con los diferentes actores sociales que puedan jugar un papel al trasladar los resultados de la investigación y por otro lado, una aproximación enfocada hacia la participación de todos estos actores clave.

Parafraseando Confucio cuando decía aquello de “explícamelo y lo olvidaré, muéstramelo y quizás me acordaré, implícame y lo entenderé”, se trata de implicar todos los actores necesarios para producir el cambio real y hacer que la investigación sea transformadora.

Es en este contexto que nace el SARIS, el Sistema de Evaluación de la Investigación y la Innovación en Salud, un instrumento estratégico que aflora del PERIS (Plan Estratégico de Investigación e Innovación en Salud 2016-2020) con el objetivo de evaluar la investigación en salud de Cataluña desde la perspectiva de querer, siempre, facilitar e influir para que ésta tenga un impacto más allá de la academia. Para hacerlo, se ha definido la motivación y la implicación de los actores como un eje determinante para su desarrollo.

El pasado mes de noviembre empezamos unas sesiones participativas con enfermeras beneficiarias de la convocatoria PERIS 2017 que financió una línea de intensificación de profesionales de enfermería.

Cabe destacar que estrenar este eje con la investigación enfermera tiene todo el sentido por tres motivos: por un lado, una de las prioridades temáticas del PERIS es claramente “el desarrollo de la investigación clínica y traslacional que permita incrementar los conocimientos científicos y tecnológicos, haciendo énfasis especial en los agentes de atención primaria y la investigación en enfermería”. Además, la ayuda PERIS 2017 de enfermería ha sido la primera en finalizar y era adecuado dirigirnos a ellas antes que a nadie.

Por último (last but not least), el estadio en que se desarrolla la investigación enfermera, con el pacientes y su cuidado en el centro de sus objetivos, hace especialmente adecuado potenciar que esta investigación tenga un impacto directo en la salud. Así pues, es importante que la investigación enfermera sea capaz de demostrar el impacto de lo que hace este colectivo profesional, ya que lo puede situar en ventaja competitiva con otras disciplinas de la biomedicina. En este sentido, la investigación enfermera es intrínsicamente traslacional.

La primera sesión se desarrolló en torno de la identificación de los actores influyentes y el empoderamiento de la enfermera para llevar a cabo una comunicación efectiva que amplifique las interacciones productivas que son necesarias para trasladar los resultados obtenidos en beneficios de más y mejor salud para los pacientes.

Queremos agradecer infinitamente la participación (predisposición y motivación) de las enfermeras que, de forma voluntaria y fuera de su horario laboral, asistieron e hicieron que la sesión tuviera una gran acogida, demostrando que desde AQuAS tenemos margen de de influencia para dar apoyo a aquellos investigadores que están motivados para favorecer el impacto de su investigación.

En estos momentos ya estamos preparando otras sesiones que sirvan de aprendizaje mutuo entre los investigadores y los agentes de evaluación de AQuAS.

Post elaborado por Núria Radó Trilla (@nuriarado).

Próximamente: Jornada SARIS: Participación en recerca Barcelona, 4 de abril de 2018.

Experimentación con animales (no humanos)

18 Feb
Joan MV Pons
Joan MV Pons

Llama la atención que pueda haber más datos sobre los animales utilizados en experimentación que sobre humanos (pacientes o no) que participan en ensayos clínicos. Si bien es cierto que, tanto en un caso como en otro, la regulación es estricta y hay diferentes órganos colegiados que se encargan del bienestar de los participantes en la experimentación.

Recientemente se han hecho públicos los datos de usos de animales en experimentación en el estado español. En conjunto, el número de usos ha sido de 808.827 a lo largo del 2014: 526.553 roedores (la mayoría ratones), unos 190.354 peces (más de un tercio peces cebra), 44.169 aves y 23.881 conejos por mencionar aquellas especies de animales más utilizados. Hay que decir que una cuarta parte de todo el conjunto, a pesar de tratarse  mayoritariamente de ratones, son animales alterados genéticamente. La gran mayoría (75%) se utilizan para lo que se denomina investigación básica o investigación traslacional y aplicada.

Informes anuales de la utilización de animales en la investigación y docencia
¿Son muchos o pocos? ¿Qué tendencias hay detrás? A pesar de los cambios  recientes en la manera de recoger la información, los datos muestran un incremento con respecto a años previos, cosa que no parece ir demasiado a favor de los principios en que habría que inspirar la experimentación en animales, que también recogía el RD 53/2013, las denominadas 3R: reemplazamiento, reducción y refinamiento.

Más que la cantidad, resulta importante hablar de la calidad y en eso llama la atención el retraso con respecto a la investigación clínica en humanos de las iniciativas para la mejora y recogida de las revisiones de los estudios experimentales. Nos referimos a CAMARADES (Collaborative Approach to Meta-analysis and review of animal data in experimental studies), elemento imprescindible antes de iniciar un nuevo estudio, como las guías ARRIVE (Animal Research: Reporting In-Vivo Experiments) para mejorar el diseño y la publicación de la experimentación animal, en definitiva, para reducir el riesgo de sesgos.

Podríamos preguntarnos cuántas agencias financiadoras de la investigación biomédica, en sus procesos de revisión por pares, piden o exigen el uso de estas guías a la hora de evaluar proyectos de experimentación animal. También podríamos hablar de la aplicación de las guías CONSORT (Consolidated Standards of Reporting Trials) y PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-analysis) para el caso de estudios clínicos en humanos.

Parece estar claro que a mayor riesgo de sesgos, mayor sobreestimación de efectos, con lo que no tiene que sorprender que las propuestas subsiguientes de translación a la experimentación humana acabe dando resultados decepcionantes.

El campo de las neurociencias está lleno de este tipo de casos fallidos de traslación, en general por tratarse de modelos animales imperfectos o diseños de estudios poco esmerados y demasiado propensos a los sesgos.

Un reciente artículo de Malcolm R. Macleod del Centre for Clinical Brain Sciences de la Universitat d’Edinburgh en la revista PLoS Biology  insistía en estos aspectos cualitativos de mucha  experimentación animal. También ponía de manifiesto que informar sobre el riesgo de sesgos no guarda relación con el factor de impacto de la revista, cosa que vuelve a poner de manifiesto que esta medida es un pobre indicador de calidad de la investigación.