Igualdad, equidad, realidad: las desigualdades sociales de salud infantil

29 Sep

-El código postal es más importante para la salud infantil que el código genético (Anónimo).

-Se necesita a toda la tribu para criar a los niños (Proverbio africano).

luis-rajmilActualmente hay suficiente información acumulada que muestra que la trayectoria vital y las condiciones de vida prenatal y durante los primeros años de vida son factores con una gran influencia en la salud y la participación social del futuro adulto. La Comisión de Determinantes Sociales en Salud (CSDH) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha propuesto eliminar la brecha en salud en una generación señalando que las desigualdades durante el crecimiento y el desarrollo precoz de los menores son uno de los principales factores que contribuyen a crear y perpetuar las desigualdades en la salud en la edad adulta. Según la CSDH el nivel de estudios familiar, la educación en las etapas escolares y el rendimiento académico tienen un papel fundamental, del mismo modo que la exposición a situaciones de vulnerabilidad económica familiar.

El informe de UNICEF Innocenti RC13 ha puesto de manifiesto que en la liga de los países desarrollados, el Estado español es uno de los peores en relación con la capacidad del estado para reducir la brecha de desigualdades socioeconómicas desde el comienzo de la Gran Recesión.

La infancia es el grupo de riesgo poblacional más vulnerable y afectado en la actual situación de crisis económica: en Cataluña se calcula que uno de cada tres menores vive en situación de riesgo de pobreza, según datos del Instituto de Estadística de Cataluña del año 2015. Estos datos reflejan la grave repercusión que tienen en la vida de los niños y las niñas el paro, la precariedad laboral familiar y las políticas de (des)protección de la infancia, además del impacto del déficit histórico de inversión pública en políticas de protección de la infancia. En España, el número de familias que acuden a organizaciones no gubernamentales en demanda de ayuda para cubrir sus necesidades básicas se ha triplicado desde el año 2007.

Los efectos de la crisis económica en la salud de la población infantil a corto plazo dependen del grado de exposición a las privaciones materiales, de las condiciones de vida familiar, y del acceso a los servicios básicos mínimos además de la capacidad económica familiar para hacer frente a las necesidades infantiles. Como consecuencia de la crisis han aumentado los gradientes sociales en salud que ya existían. De modo que la desigualdad en la esperanza de vida al nacer entre un niño nacido en el barrio más acomodado de la ciudad de Barcelona y otro nacido en el menos acomodado, ha aumentado hasta los 8 años de diferencia (se refuerza la afirmación de que el código postal es más importante para la salud infantil que el código genético). Hay evidencia de una peor salud general y peor salud mental en menores de familias vulnerables que requieren ayuda para mantener su vivienda o que han sido desahuciadas, según un estudio del proyecto SOPHIE y Càritas de población a riesgo de desahucios o que ha sido desahuciada. Se ha detectado un aumento de la obesidad y el sobrepeso infantil en la población general de Cataluña aunque este aumento no puede atribuirse solamente a la crisis económica, puesto que ya se había detectado antes del inicio de la recesión. Pero la obesidad está relacionada a importantes gradientes sociales y estos han aumentado en los últimos años. La percepción de la calidad de vida relacionada con la salud ha empeorado en los menores de familias con nivel de estudios primarios respecto a los universitarios entre los años 2006 y 2012. También se ha detectado un impacto en salud perinatal con disminución de la fertilidad y aumento de la edad materna sobre todo del primer hijo/a, un aumento de los abortos en mujeres de 15-24 años, y un aumento del bajo peso al nacer en mujeres jóvenes en el Estado español.

Las políticas que se han puesto en marcha para hacer frente a esta situación no han resuelto los problemas, más bien están contribuyendo a aumentar la  brecha existente. La inversión en políticas públicas destinadas a la infancia en el Estado español es de las más bajas de la Unión Europea. Sociedades científicas locales, como la Sociedad Catalana de Pediatría (SCP), estatales como la Sociedad Española de Salut Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) e internacionales como la International Society of Social Pediatrics (ISSOP), las ONG como UNICEF y otras entidades piden a los gobiernos asegurar que los grupos de menores vulnerables no estén sometidos a mayores desventajas a causa de las políticas de recortes. Las medidas que se proponen son las siguientes: suspender los desahucios de familias con menores / asegurar medidas básicas contra la pobreza energética y la vivienda para todas las familias; promover el trabajo de calidad, juvenil y de los padres; mantener y financiar  los comedores escolares todo el año; asegurar el ingreso mínimo garantizado para las familias con menos recursos; y reducir las desigualdades regionales priorizando los distritos y municipios más desfavorecidos.

La escolarización precoz ha demostrado un impacto positivo en el desarrollo cognitivo, el nivel académico y las posibilidades futuras de inserción social de la población general y tiene un efecto especialmente positivo en la población con menos recursos y menos nivel educativo. Las propuestas en educación se resumen en asegurar el acceso a educación infantil; acceso universal al material y actividades escolares; y detección precoz e intervención de los casos de desventaja infantil.

En cuanto a las políticas sanitarias se propone fortalecer hábitos alimentarios y nutricionales saludables; promoción de la lactancia materna; expansión de programas y políticas que hayan demostrado mayor efectividad; asegurar los derechos de los menores con y sin discapacidades y cumplir la convención de los derechos de la infancia de las Naciones Unidas; y garantizar el acceso universal y efectivo a los servicios sanitarios para toda la población y la derogación del RD Ley 16/2012 de exclusión sanitaria.

Es esencial que todos los profesionales responsables de la atención a los menores y familias tomen conciencia y protagonismo en la disminución de las desigualdades sociales en salud y educación si el objetivo es conseguir futuras generaciones de adultos con oportunidades de salud equitativas.

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Entrada elaborada por Luis Rajmil (@LuisRajmil), pediatra y especialista en medicina preventiva y salud pública.

Nunca habíamos estado tan sanos y a la vez nunca habíamos estado tan enfermos

21 Abr
LluísBohígas
Lluís Bohígas

Cuando nací, en el año 1950, la esperanza de vida al nacer era de 65 años. Ahora he cumplido 65 y por lo tanto, según aquella fecha, estaría a punto de perder la esperanza. Afortunadamente, en estos años, la medicina, la sanidad y los estilos de vida han mejorado y mi esperanza de vida se ha alargado y según datos del Idescat es de 20 años. Es decir, he ganado un año de vida por cada 3 de los que he vivido, ¡no está mal! Estos cálculos me alegran, pero hay otro que me preocupa, que se denomina esperanza de vida en buena salud. Se calcula combinando los datos de mortalidad que nos dan la esperanza de vida con los datos de morbilidad que nos indican cuántos años estaremos enfermos. Mi esperanza de vida en buena salud actualmente es de 12 años, es decir de los 20 años que me quedan puedo pasarme 12 sano y 8 enfermo. Todo ello estadísticamente hablando.

¿Y de qué estaré enfermo? Pues bien, las enfermedades más importantes asociadas a la muerte son las cardiovasculares y el cáncer. Es cierto que gran parte de los logros que hemos conseguido en el alargamiento de la vida se deben a la reducción de la mortalidad cardiovascular. También los cánceres están en regresión, gracias a las mejoras y descubrimientos de la sanidad. Algunos cánceres no aparecen tanto gracias a que fumamos menos; por ejemplo, el de pulmón se está reduciendo en los hombres pero aumenta en las mujeres. Para otros cánceres hay medicamentos e intervenciones muy potentes que hacen que la enfermedad se cronifique. Pero estas enfermedades, aunque son graves, no son las que nos obligan a ir cada día al médico. Vamos al médico por culpa de la hipertensión, el colesterol, la diabetes, la insuficiencia cardíaca, etc. Algunas de estas enfermedades están relacionadas con el problema más importante de salud pública de hoy en día: la obesidad. Ahora ya no son el tabaco o el alcohol el gran problema de salud pública, sino la obesidad que va creciendo día a día y que está en el origen de enfermedades como la diabetes.

La obesidad se produce por dos factores: comemos más de lo que necesitamos y hacemos menos ejercicio del que deberíamos. La mayoría de avances de hoy día nos invitan a hacer menos ejercicio: ascensores, escaleras mecánicas, teleconferencias, etc., y muchos estímulos mediáticos nos invitan a comer más, o a consumir bebidas azucaradas. El conjunto provoca que hoy por hoy alrededor del 15% de la población catalana sea obesa.

La enfermedad más frecuente en las personas de más de 65 años actualmente se llama polimedicación, es decir, consumir más de 3 medicamentos diarios, en muchos casos más de 10 y hay personas con un consumo de 20 fármacos diarios. Cada fármaco responde a un problema de salud, y los problemas de salud se han multiplicado, hoy en día no tenemos una sola enfermedad, tenemos unas cuantas y para cada enfermedad hay un arsenal terapéutico. El médico debe vigilar, no solo la enfermedad que controla, sino el dar medicamentos que no perjudiquen a las otras enfermedades de cada enfermo. Cuando vamos al médico de cabecera, este ha de tener en cuenta un gran número de parámetros, y cuando vamos al hospital debemos visitar un gran número de servicios médicos distintos. Uno de los problemas de salud más graves de hoy son las interacciones entre medicamentos o actividades terapéuticas que interfieren unos con otros.

La medicina ha mejorado mucho desde que yo nací hasta ahora. Conocemos mucho mejor las enfermedades y tenemos medicamentos y cirugía para curar muchas enfermedades. Aun así, la medicina está muy mal preparada para el nuevo enfermo: viejo, con varias enfermedades, alguna mental (Alzheimer, demencia, depresión, etc.), sin familia, tomando muchos medicamentos. Al no poder con toda esta complejidad acaba enviándolo a una residencia sociosanitaria.

Desde hace unos años han surgido voces en la sanidad que reclaman una reorganización de los servicios para dar atención a los nuevos enfermos. Estas voces tienen dificultades para que las escuchen, es muy difícil cambiar la manera de trabajar de los servicios sanitarios. Hemos reducido la mortalidad gracias a la especialización y la superespecialización, donde las enfermedades han sido definidas de forma muy precisa, pero el enfermo ha quedado reducido a un cúmulo de enfermedades. La nueva medicina reclama ver al enfermo en su conjunto y no solo a cada una de sus enfermedades. Hay mucho trabajo por hacer.

La paradoja actual es que nunca habíamos estado tan sanos y a la vez nunca habíamos estado tan enfermos. Nunca habíamos podido vivir tantos años en buena salud y nunca habíamos vivido tantos años llenos de varias enfermedades que nos molestan, nos limitan y nos hacen dependientes de los servicios sanitarios. Ante esta situación, los servicios sanitarios tendrán que adaptarse y los pacientes deberán desempeñar un papel más activo en el cuidado de su enfermedad.

Entrada elaborada per Lluís Bohígas (@bohigasl), economista.