Práctica médica: ¿hacer mucho o hacer lo necesario?

22 Ene

Joan-PonsJoan MV Pons. Responsable Evaluació AQuAS

La medicina, que es una ciencia imperfecta (por eso lo del arte), pero también un oficio, ha tendido siempre, quizás más por lo segundo que por lo primero, a actuar, a hacer algo, a pesar de que ello no sirviera para nada, causara un grave perjuicio (las sangrías) o, si tenía un efecto beneficioso, éste no se aclarara hasta muchos años después (la misma vacuna de la viruela de Jenner). Hacer, para mostrar que algo se ha hecho o, aún más, añadiendo sucesivas intervenciones, para mostrar que se ha hecho todo lo que se podía hacer. ¿Por qué ese afán de hacer y hacer más cada vez?

Las razones pueden ser varias. Una, bien simple, vinculada al oficio y a la práctica privada (las de seguros privados), es que, si te pagan por hacer, acabas haciendo más de lo necesario, especialmente pruebas diagnósticas. Siempre con la mejor intención, para no olvidar nada, recoger la máxima información, incluso para cubrir cualquier posibilidad remota de un diagnóstico inverosímil. La medicina defensiva surge de aquí y se da más en los países sobrados de abogados donde el temor al litigio -fundamentado por una casuística creciente- lleva a una inflación de pruebas y más pruebas. El caso del Dr. Daniel Merenstein, un residente de 3er año, con un paciente y el PSA, es bien notorio (lo pueden leer en “Winners and Losers”, un artículo de la Sección “A piece of my mind” de JAMA).

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