Public policy in times of crisis

28 gen.

SalutPoblacióWhat has happened in periods of economic crisis has also occurred at other moments in time and in other contexts. It is also a well-known fact that this can lead to an increase in mortality rates among the population (both due to general causes, as well as for certain specific causes, such as suicide), an increase in mental health problems and a worsening of lifestyles. We also know that inequalities in healthcare can increase, particularly as the crisis affects the most vulnerable members of society first.

The second report from the Observatory on the effects of the crisis on public health, publicly presented just before the Christmas holidays, closely monitors the principal socio-economic and health indicators at a territorial level (by regions) and analyses their evolution. It also analyses the relationship between socioeconomic and health indicators and provides information to define, or redefine, strategies aimed at tackling the effects of the crisis based on the needs identified through the report.

In this period of crisis in Catalonia, long-term unemployment, above all, has increased, and production (the gross value added in the economy) has declined. Household income has fallen, the percentage of people living below the poverty line has increased, especially those under 16 years of age, and the percentage of families receiving assistance from the social protection system has increased.

The fall in public revenue triggered a decrease in the budget, including the budget of the Department of Health, which was especially significant between 2011 and 2013. The health sector was forced to adjust, doing the same work but with less resources, improving efficiency while making every effort to do so without hindering the quantity and quality of healthcare service provision. However, in the period 2007-2013, life expectancy increased by 1.8 years (1.5 in women and 2.6 in men), as has been the case for life expectancy in good health.

Nevertheless, the impact of the economic situation on people’s health is evident: the unemployed have worse self-perceived health, especially those who have been out of work for over a year and present a higher risk prevalence of poor mental health. Similarly, tobacco sales, which is on the decline population-wide, increased among the unemployed, especially among men. Excessive alcohol consumption levels are also higher among the unemployed.

Focusing the analysis on the most vulnerable social groups, the report compares the population group aged 15 to 64 years, in other words, those who are exempt from the pharmacy copayment rates (basically unemployed people who have lost the right to unemployment benefits, receiving social insertion benefits, or have non-contributory pensions), with those who are subject to copayment. In Catalonia, in 2014 there were 187,775 people aged between 15 and 64, exempt from copayment rates (2.3% of the population). Those who were exempt are statistically twice as likely to consume psychoactive drugs that people subject to co-payment and have 1.5 times greater likelihood of being admitted to hospital. This group made 1.4 times the number of visits to primary care, and were treated in mental health centres 3.5 times more than the other group.

There is no question that public, social and economic policy has an impact on a population’s level of health and that they modulate the influence of socioeconomic, gender and immigration factors on health inequalities. Social protection policies seem to be effective in cushioning the influence of macroeconomic fluctuations on mortality rates. Policies aimed at equality contribute to improving health inequalities. The consequences of the crisis in Russia in the early 90s had little in comparison with those suffered by Finland during the same period. The main reason for this being the policies implemented by both governments.

Given the complexity and the multiple impacts produced by economic crises, the public policy-centred method to mitigate its effects must be approached from different sectors. Tools like the Interdepartmental Public Health Plan (PINSAP), as per the Catalan acronym, are key to ensuring this cross-sectoral approach, targeting factors which impact health to reduce or eliminate health inequalities. Another fundamental step is to maintain social protection (unemployment benefits, retirement benefits, family assistance, etc.) to mitigate the decline in family income and its consequences. However, this must go hand-in-hand with policy aimed at generating employment and promoting the rapid reintegration into the workplace. Education policy is the other mainstay, given the relationship between education, income and health, and the fact that it acts as a “social ladder” between generations. Policies aimed at the most vulnerable groups, such as lower income families and children, also deserve special attention.

Finally, it is essential that the implementation of these public policies are evaluated in the medium and long-term in order to continually validate their utility and impact, and to enable policymakers to adapt these programs to meet an ever-changing environment.

Post written by Veva Barba, Dolores Ruiz-Muñoz and Anna García-Altés (@annagaal),

Las políticas públicas en tiempos de crisis

28 gen.

SalutPoblacióPor lo que ha sucedido en períodos de crisis económica ocurridos en otros tiempos y otros contextos se sabe que puede haber un aumento en la mortalidad de la población (tanto general como por algunas causas específicas como el suicidio), un aumento de los problemas de salud mental y un empeoramiento de los estilos de vida. También se sabe que las desigualdades en salud pueden aumentar, sobre todo debido a que la crisis afecta más a los grupos inicialmente en posiciones más vulnerables.

El segundo informe del Observatorio sobre los efectos de la crisis en la salud de la población, que se presentó en público justo antes del descanso navideño, hace un seguimiento estrecho de los principales indicadores socioeconómicos y de salud a nivel territorial (por comarcas) y analiza su evolución. También analiza la relación entre indicadores socioeconómicos y los indicadores de salud, y proporciona información para definir o redefinir estrategias dirigidas al abordaje de los efectos de la crisis a partir de las necesidades detectadas a través del informe.

En este periodo de crisis en Cataluña, el paro –sobre todo el de larga duración– ha aumentado, y la producción (el valor añadido bruto de la economía) ha disminuido. La renta disponible de los hogares ha disminuido, la proporción de la población que estaba por debajo del umbral de pobreza ha aumentado, especialmente el grupo de personas menores de 16 años, y el porcentaje de familias que ha recibido transferencias del sistema de protección social ha aumentado.

La reducción de los ingresos públicos se tradujo en una disminución de los presupuestos, incluyendo el presupuesto del Departamento de Salud, notoria sobre todo a partir de 2011 hasta 2013. El sector salud tuvo que ajustarse y hacer la misma actividad con menos recursos, mejorando la eficiencia e intentando no perjudicar la cantidad y calidad de los servicios sanitarios. Sin embargo, en el periodo 2007-2013 la esperanza de vida se ha incrementado 1,8 años (1,5 en mujeres y 2,6 en hombres), como también lo ha hecho la esperanza de vida en buena salud.

Sin embargo, el impacto de la situación económica en la salud de las personas se hace patente: las personas en paro presentan una peor salud autopercibida, especialmente aquellas personas paradas desde hace más de un año, y una mayor prevalencia de riesgo de mala salud mental. De forma similar el consumo de tabaco, que se reduce en el global de la población, aumenta en las personas paradas, sobre todo entre los hombres. El consumo de riesgo de alcohol también es mayor en las personas desempleadas.

Focalizando el análisis en los grupos de población más vulnerables, el informe compara el grupo de población de 15 a 64 años que está exento de copago de farmacia (básicamente, personas paradas que han perdido el derecho al subsidio, con rentas de integración social o con pensiones no contributivas) con la población que realiza copago. En Cataluña el año 2014 había 187.775 personas de 15 a 64 años exentas de copago (2,3% de la población). Las personas exentas tenían el doble de probabilidad de consumir psicofármacos que la población con copago, y una probabilidad 1,5 veces mayor de ser ingresadas en el hospital. Este grupo realizó un número de visitas a la atención primaria 1,4 veces más alto, y fue atendido en centros de salud mental 3,5 veces más.

Es un hecho que las políticas públicas –sociales y económicas– tienen una influencia en el nivel de salud de la población y que modulan la influencia que tienen los factores socioeconómicos, el género y la inmigración en las desigualdades en salud. Las políticas de protección social parecen ser eficaces para amortiguar la influencia de las fluctuaciones macroeconómicas en las tasas de mortalidad. Las políticas orientadas a la equidad contribuyen a mejorar las desigualdades en salud. Poco tienen que ver las consecuencias que tuvo la crisis de Rusia de principios de los años noventa con las de Finlandia de la misma época, y las políticas desarrolladas por ambos gobiernos son la principal causa.

Dada la complejidad y el impacto múltiple que producen las crisis económicas, el abordaje desde las políticas públicas para paliar sus efectos debe ser intersectorial. Herramientas como el Plan interdepartamental de Salud Pública (PINSAP) son claves para garantizar esta aproximación transversal, actuando sobre los determinantes de la salud para reducir o eliminar las desigualdades en salud. También es primordial mantener políticas de protección social (prestaciones de desempleo, prestaciones de jubilación, ayudas familiares, etc.) para mitigar la disminución de los ingresos familiares y sus consecuencias, pero estas deben ir acompañadas de políticas de fomento del empleo y de la reincorporación rápida al mundo laboral. Las políticas educativas son el otro gran pilar, dada la relación existente entre educación, nivel de ingresos y salud, y el hecho de ser un elemento que actúa de “ascensor social” entre generaciones. Las políticas dirigidas a los grupos más vulnerables, como la población de menos ingresos y la población infantil, merecen también una atención especial.

Por último, es imprescindible que el despliegue de todas estas políticas públicas sea evaluado a medio y largo plazo, a fin de ir validando su utilidad e impacto, y posibilitar su adaptación a los cambios que se vayan produciendo en el entorno.

Entrada elaborada per Veva Barba, Dolores Ruiz-Muñoz y Anna García-Altés (@annagaal)

Les polítiques públiques en temps de crisi

28 gen.

SalutPoblacióPel que ha succeït en períodes de crisi econòmica ocorreguts en altres moments del temps i altres contextos se sap que pot haver-hi un augment en la mortalitat de la població (tant general com per algunes causes específiques com el suïcidi), un augment dels problemes de salut mental i un empitjorament dels estils de vida. També se sap que les desigualtats en salut poden augmentar, sobretot pel fet que la crisi afecta més als grups inicialment en posicions més vulnerables.

El segon informe de l’Observatori sobre els efectes de la crisi en la salut de la població, que es va presentar en públic just abans del descans nadalenc, fa un seguiment estret dels principals indicadors socioeconòmics i de salut a nivell territorial (per comarques) i n’analitza l’evolució. També analitza la relació entre indicadors socioeconòmics i els indicadors de salut, i proporciona informació per definir o redefinir estratègies dirigides a l’abordatge dels efectes de la crisi a partir de les necessitats detectades a través de l’informe.

En aquest període de crisi a Catalunya, l’atur –sobretot el de llarga durada– ha augmentat, i la producció (el valor afegit brut de l’economia) ha disminuït. La renda disponible de les llars ha disminuït, la proporció de la població que estava per sota del llindar de pobresa ha augmentat, especialment el grup de persones menors de 16 anys, i el percentatge de famílies que ha rebut transferències del sistema de protecció social ha augmentat.

La reducció dels ingressos públics es va traduir en una disminució dels pressupostos, incloent-hi el pressupost del Departament de Salut, notòria sobretot a partir del 2011 fins al 2013. El sector salut va haver d’ajustar-se i fer la mateixa activitat amb menys recursos, millorant l’eficiència i intentant no perjudicar la quantitat i qualitat dels serveis sanitaris. Tot i això, en el període 2007-2013 l’esperança de vida s’ha incrementat 1,8 anys (1,5 en dones i 2,6 en homes), com també ho ha fet l’esperança de vida en bona salut.

Tot i això, l’impacte de la situació econòmica en la salut de les persones es fa palès: les persones a l’atur presenten una pitjor salut autopercebuda, especialment aquelles persones aturades des de fa més d’un any, i una major prevalença de risc de mala salut mental. De manera semblant el consum de tabac, que es redueix en el global de la població, augmenta en les persones aturades, sobretot entre els homes. El consum de risc d’alcohol també és major en les persones aturades.

Focalitzant l’anàlisi en els grups de població més vulnerables, l’informe compara el grup de població de 15 a 64 anys que està exempt de copagament de farmàcia (bàsicament, persones aturades que han perdut el dret al subsidi, amb rendes d’integració social o amb pensions no contributives) amb la població que realitza copagament. A Catalunya l’any 2014 hi havia 187.775 persones de 15 a 64 anys exemptes de copagament (2,3% de la població). Les persones exemptes tenien el doble de probabilitat de consumir psicofàrmacs que la població amb copagament, i una probabilitat 1,5 vegades major de ser ingressades a l’hospital. Aquest grup va realitzar un nombre de visites a l’atenció primària 1,4 vegades més alt, i va ser atès en centres de salut mental 3,5 vegades més.

És un fet que les polítiques públiques –socials i econòmiques– tenen una influència en el nivell de salut de la població i que modulen la influència que tenen els factors socioeconòmics, el gènere i la immigració en les desigualtats en salut. Les polítiques de protecció social semblen ser eficaces per amortir la influència de les fluctuacions macroeconòmiques en les taxes de mortalitat. Les polítiques orientades a l’equitat contribueixen a millorar les desigualtats en salut. Poc hi tenen a veure les conseqüències que va tenir la crisi de Rússia de principis dels anys noranta amb les de Finlàndia de la mateixa època, i les polítiques desenvolupades per ambdós governs en són la principal causa.

Atesa la complexitat i l’impacte múltiple que produeixen les crisis econòmiques, l’abordatge des de les polítiques públiques per pal·liar-ne els efectes ha de ser intersectorial. Eines com el Pla interdepartamental de Salut Pública (PINSAP) són claus per garantir aquesta aproximació transversal, actuant sobre els determinants de la salut per reduir o eliminar les desigualtats en salut. També és cabdal mantenir polítiques de protecció social (prestacions d’atur, prestacions de jubilació, ajudes familiars, etc.) per mitigar la disminució dels ingressos familiars i les seves conseqüències, però aquestes han d’anar acompanyades de polítiques de foment de l’ocupació i de la reincorporació ràpida al món laboral. Les polítiques educatives són l’altre gran pilar, atesa la relació existent entre educació, nivell d’ingressos i salut, i el fet de ser un element que actua “d’ascensor social” entre generacions. Les polítiques dirigides als grups més vulnerables, com la població de menys ingressos i la població infantil, mereixen també una atenció especial.

Per últim, és imprescindible que el desplegament de totes aquestes polítiques públiques sigui avaluat a mitjà i llarg termini, per tal d’anar validant la seva utilitat i impacte, i possibilitar-ne l’adaptació als canvis que es vagin produint en l’entorn.

Entrada elaborada per Veva Barba, Dolores Ruiz-Muñoz i Anna García-Altés (@annagaal)

The Great Escape

21 gen.
Joan MV Pons, Head of Evaluation AQuAS
Joan MV Pons

A few days ago, Anna Garcia-Altés in a previous post referred to the Nobel Prize in Economics, which Alfred Nobel never granted – that was awarded in 2015 to Angus Deaton and his work on inequality. This is not the subject that I wish to talk about today but another that also features in the recent book from this Nobel proze winner which is titled “The Great Escape” (The Great Escape). Yes, just like the movie, set in a German camp for prisoners of war starring Steve McQueen and recalling a real fact of World War II. Unlike reality, the book predicts a better ending. For Deaton, the greatest escape in human history was in overcoming poverty and ageing.

For centuries, those who did not die at a young age could face years of misery. Beginning in period called the Enlightenment, with its scientific revolution and subsequent later industrial revolution, some people in certain countries began to escape this meagre fate.

Meanwhile, germ theories founded in the late nineteenth century surpassed the paradigm of the miasma theory in explaining contagious diseases. The key was and still is scientific knowledge and its dissemination. This point in history marks the extraordinary increase in life expectancy, initially for the better-off and then for the rest of the population.

This higher life expectancy, manifested especially in the developed countries, is largely due to the remarkable reduction in infant mortality and, more recently, to the epidemiological transition to chronic non-contagious diseases, the improvement in life expectancy in adulthood (increased life expectancy ≥ 50 years from 1950), but without a substantial improvement in longevity. Deaton shows us all this with data and graphics.

To illustrate it, Deaton mentions the progress in combating smallpox with a vaccination of smallpox (initially using matter from infected people and later the much safer vaccine Edward Jenner introduced in 1799). The public health measures introduced in the last few hundred years, including sanitation, water supply, nutrition and better hygiene, have led to a significant reduction in infant mortality.

Here, it was due to not only the knowledge but also the determination of the authorities in improving the conditions of the population. The improvement in life expectancy in adulthood is explained largely by reducing cardiovascular mortality through diagnostic and therapeutic advances in this field.

As mentioned before, we witnessed not only increased life expectancy but also a significant increase in the world population, an authentic explosion starting in the second half of the twentieth century. Malthusian alarms re-emerged but they were fortunately overcome by improvements in agricultural productivity, without excluding initiatives – for better or worse – for controlling the birth rate in developing countries; again, examples of scientific knowledge and its dissemination.

Deaton is very critical about the operating methods in which help flows from developed countries to developing countries. From the times of imperialism and colonization where (natural) resources were moved from poor countries to rich ones (Nineteenth century) and since the end of World War II we’ve also seen a flow of resources from developed countries to developing countries.

This external help, whether from governmental or NGO sources and despite the illusion that might it create if it continues as usual, may end up doing more harm than good. There’s no shortage of examples in the book of wasted resources by governments and corrupt politicians, granting donations or grants to countries (government to government) without these ever reaching the people. Not to mention situations where these grants are part of the geopolitics of the former colonies or contemporary powers.

Contrary to what an engineered hydraulic vision (communicating vessels) may show, we must invest in projects and programs that promote conditions for economic development to make external aid unnecessary, as is the reality in Africa, where paradoxically, the more external help yields the least growth in GDP per capita.

Health aid, without underestimating its achievements (vaccination campaigns, infrastructure construction, drugs against HIV / AIDS, mosquito nets), continues to be in most cases, vertical health programs with a very specific focus. This contrasts with the horizontal programs aimed at strengthening local health care systems, especially a good network of primary and community care.

Often foreign aid and the development of local capacity are not aligned; on the contrary, often one damages the other. Rich countries’ subsidies to their agriculture – consider the famous European PAC – is detrimental to farmers in poor countries where most of the workforce still works the land. There are more effective ways to help.

(It notes that another Nobel laureate in economics, Robert Fogel (1926-2013), had already written about the great escape in “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), Deaton and had revised appointment. Thank Anna Garcia-Altés to call me about this)

La gran evasión

21 gen.
Joan MV Pons, responsable Evaluación AQuAS
Joan MV Pons

Hace pocos días, Anna Garcia-Altés hacía referencia en un post anterior al Premio Nobel de Economía -que Alfred Nobel nunca instituyó- 2015 Angus Deaton y sus trabajos sobre la desigualdad. No es sobre este tema que quisiera hablar hoy, sino de otro tema que también sale en el último libro del nuevo Nobel y que lleva por título “La gran evasión” (The great escape). Sí, como la película ambientada en un campo alemán de prisioneros de guerra que protagonizaba Steve McQueen y que rememora un hecho real de la segunda guerra mundial. Contrario a la realidad, el libro augura un mejor final. Para Deaton, la más grande escapada en la historia humana es la superación de la pobreza y, como decirlo, el envejecimiento de la muerte.

Por siglos y siglos, quien no moría en los primeros años de vida podía enfrentarse a años de miseria. Es a partir de este período llamado de la Ilustración, con la revolución científica y la revolución industrial subsiguiente, que algunos humanos en algunos países comenzaron a escapar de este destino.

En medio está la teoría de los gérmenes fundamentada a finales del siglo XIX y que superaba el paradigma de la teoría miasmática para explicar las enfermedades contagiosas. La clave estaba, sigue estando, en el conocimiento científico y su difusión. De ahí proviene el extraordinario aumento de la esperanza de vida, primero en los más acomodados y seguidamente al resto de la población.

Esta más alta esperanza de vida, manifestada especialmente en los países desarrollados, se ha debido en gran parte a la marcada reducción en la mortalidad infantil y, más recientemente, con la transición epidemiológica hacia enfermedades crónicas no contagiosas, a la mejora en la esperanza de vida en la edad adulta (aumento de la esperanza de vida en ≥ 50 años a partir de 1950), sin que la longevidad haya mejorado sustancialmente. Todo esto lo muestra Deaton con datos y gráficos.

Para ejemplificarlo, Deaton hace mención del progreso para combatir la viruela, con la inoculación de la viruela (a partir de material de personas infectadas) primero y la vacuna mucho más segura que Edward Jenner introdujo después (1799). Han sido las medidas de salud pública de las últimas centurias, entre ellas el saneamiento, el suministro de agua potable, la nutrición y una mejor higiene, las que han dado lugar a la importante reducción en la mortalidad infantil.

Aquí no sólo ha sido el conocimiento, sino también la determinación de los poderes públicos de mejorar las condiciones de la población. La mejora en la esperanza de vida en la edad adulta se explica en buena parte por la reducción de la mortalidad cardiovascular por los avances diagnósticos y terapéuticos en este campo.

No sólo, como decíamos, ha aumentado la esperanza de vida, sino que también ha habido un importante incremento de la población mundial, una auténtica explosión a partir de la segunda mitad del siglo XX. Alarmas malthusianas surgieron de nuevo que, afortunadamente, fueron superadas por las mejoras en la productividad agrícola, sin excluirse iniciativas -con mejor o peor intención- por el control de la natalidad en los países en vías de desarrollo. De nuevo conocimiento (científico) y difusión del mismo.

Donde Deaton es muy crítico es en la forma en que operan las ayudas que fluyen de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo. De los tiempos del imperialismo y colonización donde los recursos (naturales) iban de los países pobres a los ricos (siglo XIX), se ha pasado desde el final de la segunda guerra mundial en un flujo de recursos de los países desarrollados a países en vías de desarrollo.

Esta ayuda externa, sean fuentes gubernamentales o de ONG, a pesar de la ilusión que pueda despertar, si se sigue dando como hasta ahora, termina haciendo más daño que bien. En el libro no faltan ejemplos del derroche de recursos para gobiernos y políticos corruptos, otorgándose las donaciones o ayudas a países (gobierno a gobierno) y sin llegar a la gente. No digamos cuando estas ayudas forman parte de la geopolítica de las antiguas colonias o de los poderes contemporáneos.

Contrario a lo que denomina una visión hidráulica (de vasos comunicantes) y ingenieril, hay que invertir en proyectos y programas que favorezcan las condiciones para el desarrollo económico para así hacer que la ayuda sea innecesaria, pues no deja de ser paradójico en África que cuando más ayuda externa menos crece el PIB per cápita.

La ayuda sanitaria, sin menospreciar sus logros (campañas de vacunación, construcción de infraestructuras, fármacos contra el VIH/Sida, mosquiteras), no dejan de ser en la mayoría de casos programas de salud verticales con un foco muy específico. Esto contrasta con los programas horizontales dirigidos a reforzar los sistemas locales de atención sanitaria, en especial, una buena red de atención primaria y comunitaria.

A menudo la ayuda exterior y el desarrollo de la capacidad local no están alineadas, sino que una perjudica a la otra. Los subsidios de los países ricos a su agricultura -pensemos en la famosa PAC europea, la política agraria comunitaria- perjudica a los agricultores de los países pobres donde la mayor parte de la población activa trabaja la tierra. Hay formas más efectivas de ayudar.

(Cabe decir que otro laureado con el Nóbel de economía Robert Fogel (1926-2013) ya había escrito sobre la gran escapada en “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), texto que Deaton cita y había revisado. Agradezco a Anna García-Altés que me llamara la atención sobre esto)

La gran evasió

21 gen.
 Joan MV Pons Joan MV Pons, responsable Avaluació AQuAS
Joan MV Pons

Fa pocs dies, l’Anna Garcia-Altés feia referència al Premi Nobel d’economia -que Alfred Nobel mai va instituir- 2015 Angus Deaton i els seus treballs sobre la desigualtat. No és sobre aquest tema que voldria parlar, sinó d’un altre que també surt en el darrer llibre del nou Nobel i que porta per títol “La gran evasió” (The great escape), sí, com la pel·lícula ambientada en un camp alemany de presoners de guerra que protagonitza Steve McQueen i que rememora un fet real de la segona guerra mundial. Contrari a la realitat, el llibre augura un millor final.. Per a Deaton, la més gran escapada en la història humana és la superació de la pobresa i, com dir-ho, l’envelliment de la mort.

Per segles i segles, qui no moria en els primers anys de vida podia enfrontar-se a anys de misèria. És a partir d’aquest període anomenat de la Il·lustració, amb la revolució científica i la revolució industrial subsegüent que alguns humans en alguns països van començar a escapar d’aquest destí.

Entremig hi ha la teoria dels gèrmens fonamentada a finals del segle XIX i que superava el paradigma de la teoria miasmàtica per explicar les malalties contagioses. La clau estava, segueix estant, en el coneixement científic i la seva difusió. D’aquí prové l’extraordinari augment de l’esperança de vida, primer en els més benestants i, seguidament, a la resta de la població.

Aquesta més alta esperança de vida, manifestada especialment en els països desenvolupats, ha estat deguda en gran part a la marcada reducció en la mortalitat infantil i, més darrerament, amb la transició epidemiològica cap a malalties cròniques no contagioses, a la millora en l’esperança de vida a l’edat adulta (augment de l’esperança de vida en ≥ 50 anys a partir de 1950), sense que la longevitat hagi millorat substancialment. Tot això ho mostra Deaton amb dades i gràfics.

Per exemplificar-ho, Deaton fa esment del progrés per combatre la verola, amb la inoculació de la verola (a partir de material de persones infectades) primer i la vacuna molt més segura que Edward Jenner va introduir després (1799). Han estat les mesures de salut pública de les darreres centúries, entre aquestes el sanejament, el subministrament d’aigua potable, la nutrició i una millor higiene, les que han donat lloc a la important reducció en la mortalitat infantil.

Aquí no sols ha estat el coneixement, sinó també la determinació dels poders públics de millorar les condicions de la població. La millora en l’esperança de vida a l’edat adulta s’explica en bona part per la reducció de la mortalitat cardiovascular pels avenços diagnòstics i terapèutics en aquest camp.

No sols, com dèiem, ha augmentat l’esperança de vida, sinó que també hi ha hagut un important increment de la població mundial, una autèntica explosió a partir de la segona meitat del segle XX. Alarmes malthusianes sorgiren de nou que, afortunadament, foren superades per les millores en la productivitat agrícola, sense excloure’s iniciatives -amb millor o pitjor intenció- pel control de la natalitat en els països en vies de desenvolupament. De nou coneixement (científic) i difusió del mateix.

On Deaton és molt crític és en la manera com operen les ajudes que flueixen dels països desenvolupats als països en vies de desenvolupament. Dels temps de l’imperialisme i colonització on els recursos (naturals) anaven dels països pobres als rics (segle XIX), s’ha passat des del final de la segona guerra mundial a un flux de recursos dels països desenvolupats a països en vies de desenvolupament.

Aquesta ajuda externa, siguin fonts governamentals o d’ONG, malgrat la il·lusió que pugui despertar, si se segueix donant com fins ara, acaba fent més mal que bé. En el llibre no falten exemples del malbaratament de recursos per governs i polítics corruptes, atorgant-se les donacions o ajudes a països (govern a govern) i sense arribar a la gent. No diguem quan aquestes ajudes formen part de la geopolítica de les antigues colònies o dels poders contemporanis.

Contrari al que anomena una visió hidràulica (de vasos comunicants) i enginyeril, cal invertir en projectes i programes que afavoreixin les condicions pel desenvolupament econòmic per així fer que l’ajuda sigui innecessària, doncs no deixa de ser paradoxal a l’Àfrica que, quan més ajuda externa menys creix el PIB per càpita.

L’ajuda sanitària, sense menystenir els seus èxits (campanyes de vacunació, construcció d’infraestructures, fàrmacs contra el VIH/Sida, mosquiteres), no deixen de ser en la majoria de casos programes de salut verticals amb un focus ben específic. Això contrasta amb els programes horitzontals adreçats a reforçar els sistemes locals d’atenció sanitària, en especial, una bona xarxa d’atenció primària i comunitària.

Sovint l’ajuda exterior i el desenvolupament de la capacitat local no estan alineades, sinó que una perjudica a l’altra. Els subsidis dels països rics a la seva agricultura –pensem en la famosa política agrària comuna (PAC) europea – perjudica als pagesos dels països pobres on la major part de la població activa treballa la terra. Hi ha formes més efectives d’ajudar.

(Cal dir que un altre llorejat amb el Nobel d’economia, Robert Fogel (1926-2013), ja havia escrit sobre la gran escapada a “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), text que Deaton cita i que havia revisat. Agraeixo a l’Anna Garcia-Altés que em cridés l’atenció sobre això)

17 plus 1

14 gen.
LluísBohígas
Lluís Bohígas (@bohigasl), economist

Whenever the Spanish health system is described, the conclusion is that it consists of 17 different healthcare systems. The truth is that they are not very different as they all share a common past and the same rules inherited from the Instituto Nacional de Previsión (INP), but the discourse of diversity, (always excessive), is favoured by supporters of the new centralized model. There are, however, a significant portion of the Spanish people who do not receive healthcare cover from any of the 17 autonomous systems. These people are referred to as System 18. System 18 comprises almost 2 million Spaniards who are beneficiaries of the MUFACE, ISFAS and MUJEJU health insurance plans; in other words, senior state officials, members of the military, judiciary and their families. These individuals can choose where they want to be treated each year, either in an autonomous region, or, as in the majority of cases (80%), by a private healthcare insurance provider.

System 18 has a larger population than many of the autonomous regions in Spain. It is in fact similar in population to the Basque Country and has not been transferred to the autonomous communities, but is still managed by the state. We are unaware of all the healthcare data regarding this group: morbidity, infection, health care utilization, etc. Members of this group do not possess medical cards, electronic medical records, or use electronic prescriptions. Despite being the responsibility of the State, System 18 does not meet the criteria established by the State and required of autonomous regions. The service portfolio is similar to that available to the general public covered by Spain’s National Healthcare System, but with differences in the area of co-payments, although these differences have never been considered as inequalities. It is common for a beneficiary of System 18 to be treated in the autonomous region in the event that they require expensive medical treatment and tend to prefer the services of the NHS when they retire and make greater use of health services. When a MUFACE recipient uses an autonomous community health care system, the state is saved the expense.

System 18 is exclusively made up of civil servants who, despite all the anti-private controversy that has been unleashed, prefer private care. System 18 has been spared the health cuts inflicted on those of us whose healthcare services are provided by autonomous regions. It is possible that the members of System 18 are those responsible for deciding on the cuts to be made in public health, given that it is highly likely that the vast majority of the cabinet is made up of members covered by MUFACE.

17 más 1

14 gen.
LluísBohígas
Lluís Bohigas (@bohigasl), economista

Siempre que se describe el sistema sanitario español, se concluye que lo integran diecisiete sistemas sanitarios distintos. La verdad es que no son demasiado distintos, porque todos tienen el mismo pasado y las mismas reglas heredadas del Instituto Nacional de Previsión (INP), pero el discurso de la diversidad (siempre excesiva) complace a los partidarios de la nueva centralización. Sin embargo, hay un gran número de españoles que no recibe asistencia sanitaria de ninguno de los diecisiete sistemas autonómicos; forman parte del que he bautizado como 18 sistema. El 18 sistema está formado por unos dos millones de españoles que son beneficiarios de MUFACE, ISFAS Y MUJEJU; es decir, los altos funcionarios del Estado, los militares, los jueces y sus familias. Estos eligen cada año dónde quieren ser atendidos, bien en una comunidad autónoma, bien por una aseguradora privada.

Este 18 sistema es mayor que muchas comunidades autónomas, en realidad es similar en población al País Vasco, y no está transferido a las comunidades autónomas, sino que sigue siendo gestionado por el Estado. Ignoramos todos los datos sanitarios de esta población: morbilidad, infecciones, uso sanitario, etc. Tampoco tienen tarjeta sanitaria, ni historia clínica electrónica, ni utilizan la receta electrónica. El 18 sistema —pese a ser responsabilidad del Estado— no dispone de lo que el Estado solicita a las comunidades autónomas. La cartera de servicios es similar a la de la población cubierta por el SNS, pero con diferencias en los copagos, aunque estas diferencias no han sido consideradas nunca como desigualdades. Es habitual que un beneficiario de este 18 sistema pase a ser atendido por la comunidad autónoma cuando necesita una intervención sanitaria muy costosa y normalmente estos beneficiarios prefieren el servicio del SNS cuando se jubilan y utilizan con mayor frecuencia los servicios sanitarios. Cuando el beneficiario de MUFACE usa el sistema sanitario de una comunidad autónoma, el Estado se ahorra el coste.

El 18 sistema está formado exclusivamente por funcionarios públicos quienes, a pesar de toda la polémica antiprivada que se ha desatado, prefieren la atención privada. El 18 sistema se ha ahorrado los recortes sanitarios que hemos sufrido los que recibimos servicios sanitarios de las comunidades autónomas. Puede que sean los miembros del 18 sistema los que han decidido los recortes que se aplicarían a la sanidad pública, puesto que es más que probable que la mayoría del Consejo de Ministros esté integrado por asegurados de MUFACE.

 

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14 gen.
LluísBohígas
Lluís Bohígas  (@bohigasl), economista

Sempre que es descriu el sistema sanitari espanyol, es conclou que són 17 sistemes sanitaris diferents. La veritat és que no són gaire diferents perquè tots tenen el mateix passat i les mateixes regles heretades del Instituto Nacional de Previsión (INP), però el discurs de la diversitat (sempre excessiva) agrada als partidaris de la nova centralització. Hi ha, però, una munió important d’espanyols que no rep assistència sanitària de cap dels 17 sistemes autonòmics, són els que anomeno el 18 sistema. El 18 sistema està format per uns 2 milions d’espanyols que són beneficiaris de MUFACE, ISFAS i MUJEJU; és a dir, els alts funcionaris de l’estat, els militars, els jutges i les seves famílies. Aquests escullen cada any on volen ser atesos, bé en una comunitat autònoma, bé per una asseguradora privada i la majoria -un 80%- escull ésser atès per una asseguradora privada.

Aquest 18 sistema és més gran que moltes comunitats autònomes, de fet és similar en població al País Basc i no està transferit a les comunitats autònomes sinó que segueix essent gestionat per l’estat. Desconeixem totes les dades sanitàries d’aquesta població: morbiditat, infeccions, utilització sanitària, etc. Tampoc no tenen targeta sanitària, ni història clínica electrònica, ni fan servir la recepta electrònica; el 18 sistema -tot i ésser responsabilitat de l’estat- no disposa del que l’estat demana a les comunitats autònomes. La cartera de serveis és similar a la població coberta pel SNS, però amb diferències en els copagaments, tot i que aquestes diferències no han estat considerades mai com a desigualtats. És habitual que un beneficiari d’aquest 18 sistema passi a ésser atès a la comunitat autònoma quan necessita una intervenció sanitària molt costosa i normalment prefereixen els serveis del SNS quan es jubilen i utilitzen més els serveis sanitaris. Quan el beneficiari de MUFACE fa servir el sistema sanitari d’una comunitat autònoma, l’estat s’estalvia la despesa.

El 18 sistema està format exclusivament per funcionaris públics que, malgrat tota la polèmica antiprivada que s’ha desfermat, els agrada més l’atenció privada. El 18 sistema s’ha estalviat les retallades sanitàries que hem patit els que rebem serveis sanitaris de les comunitats autònomes. És possible que siguin els membres del 18 sistema els que han decidit els retalls que es farien a la sanitat pública, doncs és més que probable que la majoria del consell de ministres estigui format per assegurats de MUFACE.

“In five years’ time, patients will be able to have a virtual appointment with a specialist together with their GP”

7 gen.
Frederic Llordachs
Frederic Llordachs

Frederic Llordachs (referred to below as FL), doctor and founder of the online portal Doctoralia, in an interview with Montse Moharra (referred to below as MM), coordinator of the Catalonia’s Observatory of Innovation in Health Management (OIGS), defends the position that medical professionals should take advantage of the current boom in new technologies to improve service provision. Frederic is confident that in the next few years’, teleconsultation, distance care provision and above all virtual triage will become established practice.

MM: How would you rate the level of innovation in the Catalan healthcare system as it stands today?

FL: It’s an excellent public service and the public are still not fully aware of the social advantages this represents. However, I believe that the current healthcare model is not the most ideal and we should be evolving towards more sustainable models such as those implemented in Holland and Germany.

MM: And do you think the field of Healthcare 2.0. is progressing at the right pace? 

FL: Great effort is being made in this area and the digitalization process of public resources on the scale of the HIMSS (Healthcare Information and Management Systems Society) is a good example of this. Progress has also been made by way of providing the public access to their data via the La Meva Salut (My health) channel. However, as yet there is no integration with the private healthcare sector, which represents almost 30% of services used by the public. But I’m sure this will be addressed.

MM: Are initiatives such as those undertaken by the Innovation in Healthcare Management in Catalonia (OIGS, as per the Catalan acronym) helping in this shift towards innovation? 

FL: As Lord Kelvin said: “If you cannot define it, you cannot measure it; if you cannot measure it, you cannot improve it; that which is not improved will always become degraded”. In this sense, the Observatory helps define and measure potential improvements, and provides the sector with ideas to implement.

MM: Which of the Observatory’s experiences would you highlight as the most noteworthy on a practical level? 

FL: Undoubtedly, the pre-operatory online assessment carried out by the Hospital de Viladecans, a multi-award winning practice internationally since 2012 which, inexplicably, has yet to be implemented in the rest of the public healthcare network.

MM: How should healthcare professionals approach the changes associated with innovation in their day-to-day? 

FL: Three years ago, the multi-millionaire technologist Vinod Khosla announced that in ten years’ time, 80% of doctors’ work would be performed by machines and it is easy to see how this prediction could be expanded to include other healthcare professions. The best way to cross a river is to do so with, not against the current, so the best way to survive the innovation tsunami heading our way is to become part of it. We must concentrate on the areas where we can make improvements and lead innovation from the positions we hold: sometimes changes can seem insignificant, but the outcomes can make an enormous impact. As the fictional Catalan TV character Capità Enciam used to say: “Small changes are powerful!”.

MM: Where do you see the developments in the Catalan healthcare system in terms of e-health in five years’ time?

FL: I imagine a patient with access to their public and private information who is connected via a standard similar to the American system Blue Button, and that health professionals have access to this information. I imagine sensorization and telemedicine services capable of resolving issues online for chronic patients. I imagine the public not having to travel unnecessarily for routine services, such as postoperative wound check-ups, and also that patients will be able to receive physiotherapy from the comfort of their homes. Above all, I envisage online triage using algorithms designed to reduce the care workload and reinforce self-healing, but then maybe I’m letting my imagination run a little wild…

MM: And what do you think Doctor’s work will be like? 

FL: Just as we make house calls now, doctors will be performing teleconsultation, because finally, the system will compensate them for this. And patients will be able to have a virtual appointment with a specialist together with their GP, just as health Insurance and mutual health Insurance companies are doing nationwide today, organizations such as Sanitas and Mutua Universal. But the one thing that’s sure to happen is that we’ll continue doing what doctor’s do.