The Great Escape

21 gen.
Joan MV Pons, Head of Evaluation AQuAS
Joan MV Pons

A few days ago, Anna Garcia-Altés in a previous post referred to the Nobel Prize in Economics, which Alfred Nobel never granted – that was awarded in 2015 to Angus Deaton and his work on inequality. This is not the subject that I wish to talk about today but another that also features in the recent book from this Nobel proze winner which is titled “The Great Escape” (The Great Escape). Yes, just like the movie, set in a German camp for prisoners of war starring Steve McQueen and recalling a real fact of World War II. Unlike reality, the book predicts a better ending. For Deaton, the greatest escape in human history was in overcoming poverty and ageing.

For centuries, those who did not die at a young age could face years of misery. Beginning in period called the Enlightenment, with its scientific revolution and subsequent later industrial revolution, some people in certain countries began to escape this meagre fate.

Meanwhile, germ theories founded in the late nineteenth century surpassed the paradigm of the miasma theory in explaining contagious diseases. The key was and still is scientific knowledge and its dissemination. This point in history marks the extraordinary increase in life expectancy, initially for the better-off and then for the rest of the population.

This higher life expectancy, manifested especially in the developed countries, is largely due to the remarkable reduction in infant mortality and, more recently, to the epidemiological transition to chronic non-contagious diseases, the improvement in life expectancy in adulthood (increased life expectancy ≥ 50 years from 1950), but without a substantial improvement in longevity. Deaton shows us all this with data and graphics.

To illustrate it, Deaton mentions the progress in combating smallpox with a vaccination of smallpox (initially using matter from infected people and later the much safer vaccine Edward Jenner introduced in 1799). The public health measures introduced in the last few hundred years, including sanitation, water supply, nutrition and better hygiene, have led to a significant reduction in infant mortality.

Here, it was due to not only the knowledge but also the determination of the authorities in improving the conditions of the population. The improvement in life expectancy in adulthood is explained largely by reducing cardiovascular mortality through diagnostic and therapeutic advances in this field.

As mentioned before, we witnessed not only increased life expectancy but also a significant increase in the world population, an authentic explosion starting in the second half of the twentieth century. Malthusian alarms re-emerged but they were fortunately overcome by improvements in agricultural productivity, without excluding initiatives – for better or worse – for controlling the birth rate in developing countries; again, examples of scientific knowledge and its dissemination.

Deaton is very critical about the operating methods in which help flows from developed countries to developing countries. From the times of imperialism and colonization where (natural) resources were moved from poor countries to rich ones (Nineteenth century) and since the end of World War II we’ve also seen a flow of resources from developed countries to developing countries.

This external help, whether from governmental or NGO sources and despite the illusion that might it create if it continues as usual, may end up doing more harm than good. There’s no shortage of examples in the book of wasted resources by governments and corrupt politicians, granting donations or grants to countries (government to government) without these ever reaching the people. Not to mention situations where these grants are part of the geopolitics of the former colonies or contemporary powers.

Contrary to what an engineered hydraulic vision (communicating vessels) may show, we must invest in projects and programs that promote conditions for economic development to make external aid unnecessary, as is the reality in Africa, where paradoxically, the more external help yields the least growth in GDP per capita.

Health aid, without underestimating its achievements (vaccination campaigns, infrastructure construction, drugs against HIV / AIDS, mosquito nets), continues to be in most cases, vertical health programs with a very specific focus. This contrasts with the horizontal programs aimed at strengthening local health care systems, especially a good network of primary and community care.

Often foreign aid and the development of local capacity are not aligned; on the contrary, often one damages the other. Rich countries’ subsidies to their agriculture – consider the famous European PAC – is detrimental to farmers in poor countries where most of the workforce still works the land. There are more effective ways to help.

(It notes that another Nobel laureate in economics, Robert Fogel (1926-2013), had already written about the great escape in “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), Deaton and had revised appointment. Thank Anna Garcia-Altés to call me about this)

La gran evasión

21 gen.
Joan MV Pons, responsable Evaluación AQuAS
Joan MV Pons

Hace pocos días, Anna Garcia-Altés hacía referencia en un post anterior al Premio Nobel de Economía -que Alfred Nobel nunca instituyó- 2015 Angus Deaton y sus trabajos sobre la desigualdad. No es sobre este tema que quisiera hablar hoy, sino de otro tema que también sale en el último libro del nuevo Nobel y que lleva por título “La gran evasión” (The great escape). Sí, como la película ambientada en un campo alemán de prisioneros de guerra que protagonizaba Steve McQueen y que rememora un hecho real de la segunda guerra mundial. Contrario a la realidad, el libro augura un mejor final. Para Deaton, la más grande escapada en la historia humana es la superación de la pobreza y, como decirlo, el envejecimiento de la muerte.

Por siglos y siglos, quien no moría en los primeros años de vida podía enfrentarse a años de miseria. Es a partir de este período llamado de la Ilustración, con la revolución científica y la revolución industrial subsiguiente, que algunos humanos en algunos países comenzaron a escapar de este destino.

En medio está la teoría de los gérmenes fundamentada a finales del siglo XIX y que superaba el paradigma de la teoría miasmática para explicar las enfermedades contagiosas. La clave estaba, sigue estando, en el conocimiento científico y su difusión. De ahí proviene el extraordinario aumento de la esperanza de vida, primero en los más acomodados y seguidamente al resto de la población.

Esta más alta esperanza de vida, manifestada especialmente en los países desarrollados, se ha debido en gran parte a la marcada reducción en la mortalidad infantil y, más recientemente, con la transición epidemiológica hacia enfermedades crónicas no contagiosas, a la mejora en la esperanza de vida en la edad adulta (aumento de la esperanza de vida en ≥ 50 años a partir de 1950), sin que la longevidad haya mejorado sustancialmente. Todo esto lo muestra Deaton con datos y gráficos.

Para ejemplificarlo, Deaton hace mención del progreso para combatir la viruela, con la inoculación de la viruela (a partir de material de personas infectadas) primero y la vacuna mucho más segura que Edward Jenner introdujo después (1799). Han sido las medidas de salud pública de las últimas centurias, entre ellas el saneamiento, el suministro de agua potable, la nutrición y una mejor higiene, las que han dado lugar a la importante reducción en la mortalidad infantil.

Aquí no sólo ha sido el conocimiento, sino también la determinación de los poderes públicos de mejorar las condiciones de la población. La mejora en la esperanza de vida en la edad adulta se explica en buena parte por la reducción de la mortalidad cardiovascular por los avances diagnósticos y terapéuticos en este campo.

No sólo, como decíamos, ha aumentado la esperanza de vida, sino que también ha habido un importante incremento de la población mundial, una auténtica explosión a partir de la segunda mitad del siglo XX. Alarmas malthusianas surgieron de nuevo que, afortunadamente, fueron superadas por las mejoras en la productividad agrícola, sin excluirse iniciativas -con mejor o peor intención- por el control de la natalidad en los países en vías de desarrollo. De nuevo conocimiento (científico) y difusión del mismo.

Donde Deaton es muy crítico es en la forma en que operan las ayudas que fluyen de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo. De los tiempos del imperialismo y colonización donde los recursos (naturales) iban de los países pobres a los ricos (siglo XIX), se ha pasado desde el final de la segunda guerra mundial en un flujo de recursos de los países desarrollados a países en vías de desarrollo.

Esta ayuda externa, sean fuentes gubernamentales o de ONG, a pesar de la ilusión que pueda despertar, si se sigue dando como hasta ahora, termina haciendo más daño que bien. En el libro no faltan ejemplos del derroche de recursos para gobiernos y políticos corruptos, otorgándose las donaciones o ayudas a países (gobierno a gobierno) y sin llegar a la gente. No digamos cuando estas ayudas forman parte de la geopolítica de las antiguas colonias o de los poderes contemporáneos.

Contrario a lo que denomina una visión hidráulica (de vasos comunicantes) y ingenieril, hay que invertir en proyectos y programas que favorezcan las condiciones para el desarrollo económico para así hacer que la ayuda sea innecesaria, pues no deja de ser paradójico en África que cuando más ayuda externa menos crece el PIB per cápita.

La ayuda sanitaria, sin menospreciar sus logros (campañas de vacunación, construcción de infraestructuras, fármacos contra el VIH/Sida, mosquiteras), no dejan de ser en la mayoría de casos programas de salud verticales con un foco muy específico. Esto contrasta con los programas horizontales dirigidos a reforzar los sistemas locales de atención sanitaria, en especial, una buena red de atención primaria y comunitaria.

A menudo la ayuda exterior y el desarrollo de la capacidad local no están alineadas, sino que una perjudica a la otra. Los subsidios de los países ricos a su agricultura -pensemos en la famosa PAC europea, la política agraria comunitaria- perjudica a los agricultores de los países pobres donde la mayor parte de la población activa trabaja la tierra. Hay formas más efectivas de ayudar.

(Cabe decir que otro laureado con el Nóbel de economía Robert Fogel (1926-2013) ya había escrito sobre la gran escapada en “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), texto que Deaton cita y había revisado. Agradezco a Anna García-Altés que me llamara la atención sobre esto)

La gran evasió

21 gen.
 Joan MV Pons Joan MV Pons, responsable Avaluació AQuAS
Joan MV Pons

Fa pocs dies, l’Anna Garcia-Altés feia referència al Premi Nobel d’economia -que Alfred Nobel mai va instituir- 2015 Angus Deaton i els seus treballs sobre la desigualtat. No és sobre aquest tema que voldria parlar, sinó d’un altre que també surt en el darrer llibre del nou Nobel i que porta per títol “La gran evasió” (The great escape), sí, com la pel·lícula ambientada en un camp alemany de presoners de guerra que protagonitza Steve McQueen i que rememora un fet real de la segona guerra mundial. Contrari a la realitat, el llibre augura un millor final.. Per a Deaton, la més gran escapada en la història humana és la superació de la pobresa i, com dir-ho, l’envelliment de la mort.

Per segles i segles, qui no moria en els primers anys de vida podia enfrontar-se a anys de misèria. És a partir d’aquest període anomenat de la Il·lustració, amb la revolució científica i la revolució industrial subsegüent que alguns humans en alguns països van començar a escapar d’aquest destí.

Entremig hi ha la teoria dels gèrmens fonamentada a finals del segle XIX i que superava el paradigma de la teoria miasmàtica per explicar les malalties contagioses. La clau estava, segueix estant, en el coneixement científic i la seva difusió. D’aquí prové l’extraordinari augment de l’esperança de vida, primer en els més benestants i, seguidament, a la resta de la població.

Aquesta més alta esperança de vida, manifestada especialment en els països desenvolupats, ha estat deguda en gran part a la marcada reducció en la mortalitat infantil i, més darrerament, amb la transició epidemiològica cap a malalties cròniques no contagioses, a la millora en l’esperança de vida a l’edat adulta (augment de l’esperança de vida en ≥ 50 anys a partir de 1950), sense que la longevitat hagi millorat substancialment. Tot això ho mostra Deaton amb dades i gràfics.

Per exemplificar-ho, Deaton fa esment del progrés per combatre la verola, amb la inoculació de la verola (a partir de material de persones infectades) primer i la vacuna molt més segura que Edward Jenner va introduir després (1799). Han estat les mesures de salut pública de les darreres centúries, entre aquestes el sanejament, el subministrament d’aigua potable, la nutrició i una millor higiene, les que han donat lloc a la important reducció en la mortalitat infantil.

Aquí no sols ha estat el coneixement, sinó també la determinació dels poders públics de millorar les condicions de la població. La millora en l’esperança de vida a l’edat adulta s’explica en bona part per la reducció de la mortalitat cardiovascular pels avenços diagnòstics i terapèutics en aquest camp.

No sols, com dèiem, ha augmentat l’esperança de vida, sinó que també hi ha hagut un important increment de la població mundial, una autèntica explosió a partir de la segona meitat del segle XX. Alarmes malthusianes sorgiren de nou que, afortunadament, foren superades per les millores en la productivitat agrícola, sense excloure’s iniciatives -amb millor o pitjor intenció- pel control de la natalitat en els països en vies de desenvolupament. De nou coneixement (científic) i difusió del mateix.

On Deaton és molt crític és en la manera com operen les ajudes que flueixen dels països desenvolupats als països en vies de desenvolupament. Dels temps de l’imperialisme i colonització on els recursos (naturals) anaven dels països pobres als rics (segle XIX), s’ha passat des del final de la segona guerra mundial a un flux de recursos dels països desenvolupats a països en vies de desenvolupament.

Aquesta ajuda externa, siguin fonts governamentals o d’ONG, malgrat la il·lusió que pugui despertar, si se segueix donant com fins ara, acaba fent més mal que bé. En el llibre no falten exemples del malbaratament de recursos per governs i polítics corruptes, atorgant-se les donacions o ajudes a països (govern a govern) i sense arribar a la gent. No diguem quan aquestes ajudes formen part de la geopolítica de les antigues colònies o dels poders contemporanis.

Contrari al que anomena una visió hidràulica (de vasos comunicants) i enginyeril, cal invertir en projectes i programes que afavoreixin les condicions pel desenvolupament econòmic per així fer que l’ajuda sigui innecessària, doncs no deixa de ser paradoxal a l’Àfrica que, quan més ajuda externa menys creix el PIB per càpita.

L’ajuda sanitària, sense menystenir els seus èxits (campanyes de vacunació, construcció d’infraestructures, fàrmacs contra el VIH/Sida, mosquiteres), no deixen de ser en la majoria de casos programes de salut verticals amb un focus ben específic. Això contrasta amb els programes horitzontals adreçats a reforçar els sistemes locals d’atenció sanitària, en especial, una bona xarxa d’atenció primària i comunitària.

Sovint l’ajuda exterior i el desenvolupament de la capacitat local no estan alineades, sinó que una perjudica a l’altra. Els subsidis dels països rics a la seva agricultura –pensem en la famosa política agrària comuna (PAC) europea – perjudica als pagesos dels països pobres on la major part de la població activa treballa la terra. Hi ha formes més efectives d’ajudar.

(Cal dir que un altre llorejat amb el Nobel d’economia, Robert Fogel (1926-2013), ja havia escrit sobre la gran escapada a “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100” (2004), text que Deaton cita i que havia revisat. Agraeixo a l’Anna Garcia-Altés que em cridés l’atenció sobre això)

Pressupostos públics en sanitat a deu anys vista (segona part)

1 oct.

Joan-PonsJoan MV Pons, Responsable Avaluació AQuAS

Si a l’anterior post examinàvem l’evolució a la darrera dècada (2005-2015) del pressupost públics en sanitat i comparàvem la seva distribució segons línies principals de serveis, en aquesta segona part ho mirarem per patologies (problemes de salut) d’acord amb la Classificació Internacional de Malalties (CIM) de l’OMS que categoritza els diagnòstics segons òrgans (aparells o sistemes) o segons origen.

Sense títol Continue reading

Pressupostos públics en sanitat a deu anys vista (primera part)

24 set.

Joan-PonsJoan MV Pons, Responsable Avaluació AQuAS

L’any 2007 es publicava un treball de recerca en economia de la salut de gran interès i que havia estat promogut des del Departament de Salut.1 L’estudi distribuïa el pressupost sanitari públic de l’any 2005, no només entre les 17 categories de la Classificació Internacional de Malalties (CIM), sinó també pel tipus d’assistència i línies principals de serveis. No hi ha dubte que el treball aportava un punt de referència per a la planificació i gestió sanitària i el sorprenent ha estat que, fins molt darrerament,2 no apareguessin dades més recents d’aquesta mena i obtingudes amb una metodologia semblant. Em consta que ha estat interès personal del Conseller el fet de veure les dades d’aquesta manera.

I en aquest interval, 2005-2015, què diuen els números, millor dit, els euros? Primer mirem el global i desprès els gràfics per apartats. Continue reading

De vegades no fer res és l’acció més correcta

30 jul.

Joan-PonsJoan MV Pons, Responsable Avaluació AQuAS

Fer, actuar, és irresistible i deu formar part de l’espècie humana, com un ressort sempre a punt de ser utilitzat, fora que es tracti de contempladors, eremites i estilites (Sant Simeó). En la medicina i salut pública es temen més les fallides per omissió, per deixar de fer, que per comissió. Sovint s’actua demanant proves analítiques o d’imatge, pensant que aquestes, fora de la lleu punxada o d’una mica de radiació (bastant més si és una tomografia computada), no poden causar cap perjudici, no tenen efectes adversos. Però no és així. Deixem al marge que qualsevol prova innecessària (que no aportarà nova informació i que si ho fa no modificarà el maneig del malalt) és tirar els diners (de tots). Qualsevol intervenció mèdica, preventiva, diagnòstica o terapèutica, de la mena que sigui, aportant els seus beneficis, comporta els seus riscos. No pot ser de cap altre manera. La qüestió no cal dir-ho, és saber sospesar correctament els pros i contres i escollir amb saviesa. Continue reading

Pràctica mèdica: fer molt o fer el necessari?

22 gen.

Joan-PonsJoan MV Pons. Responsable Avaluació AQuAS

La medicina, que és una ciència imperfecte (per això allò de l’art), però també un ofici, ha tendit sempre, potser més pel segon que pel primer, a actuar, a fer quelcom, malgrat això no servís de res, causés un greu perjudici (les sagnies) o, si tenia un efecte beneficiós, aquest no s’aclarís fins molts anys desprès (la mateixa vacuna de la verola de Jenner). Fer, per mostrar que alguna cosa s’ha fet o, encara més, afegint successives intervencions, per mostrar que s’ha fet tot el que es podia fer. Per què aquest afany de fer i fer més cada vegada?

Les raons poden ser diverses. Una, ben simple, lligada a l’ofici i a la pràctica privada (les d’assegurances privades), és que, si et paguen per fer, acabes fent més del necessari, especialment proves diagnòstiques. Sempre amb la millor intenció, per a no oblidar res, recollir la màxima informació, fins i tot per cobrir qualsevol possibilitat remota d’un diagnòstic inversemblant. La medicina defensiva sorgeix d’aquí i es dóna més en els països sobrats d’advocats on el temor al litigi -fonamentat per una casuística creixent- porta a una inflació de proves i més proves. El cas de Dr. Daniel Merenstein, un resident de 3r any, amb un pacient i el PSA és ben notori (el poden llegir a “Winners and Losers“, un article de la Secció A piece of my mindde JAMA).

Continue reading