Fármacos caros de efectividad escasa: ¿qué estamos dispuestos a perder para poder pagarlos?

8 gen.

Anna Garcia-AltésAnna Garcia-Altés. Responsable del Observatorio del Sistema de Salud de Cataluña

Algunos fármacos biotecnológicos de última generación como Sovaldi (sofosbuvir) para la hepatitis C, o como Avastin (bevacizumab) para el cáncer de mama están poniendo al sistema sanitario en un cruce. Aunque siga sin estar claro el precio de Sovaldi, proyectando el precio obtenido en otros países sobre la prevalencia de la hepatitis C en nuestro contexto, se perfila una cifra escandalosamente elevada. Por su parte, desde su salida al mercado en 2004, Avastin ha sido un fármaco superventas que en pocos años ha obtenido la aprobación para el tratamiento de cinco tipos de tumores y se está investigando en cincuenta demás.

En Estados Unidos se estima que los fármacos biotecnológicos son responsables del 70% del aumento del gasto en farmacia de los últimos años. La relevancia del volumen de negocio queda reflejada muy a menudo en las páginas salmón de los diarios. En este conjunto, se engloban también los fármacos para la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple.

La cuestión trasciende la anécdota, como muestra un interesante artículo del mes pasado sobre el valor de los nuevos fármacos. Al revisar la efectividad (en términos de años de vida ajustado por calidad -AVAQ-) y la razón coste-efectividad de los fármacos aprobados por la FDA entre 1999 y 2011, Peter Neumann y sus coautores encuentran que la mayoría de los fármacos ofrecen beneficios modestos frente a los fármacos ya existentes: el 32% no mostraban ningún beneficio adicional; los que lo hacían, un tercio alcanzaban cifras inferiores al 0,1 AVAQ incrementales (lo que sería equivalente a 5 semanas de supervivencia ajustada por calidad), y dos tercios menos de 0,3 AVAQ (15 semanas). También hay 14 fármacos de última generación y 2 fármacos tradicionales que ofrecían más de medio AVAQ de beneficio (6 meses de supervivencia ajustada por calidad). Ahora bien, su coste-efectividad es también muy superior: 2 de ellos tenían ratios inferiores a 50.000€ / AVAQ, 3 entre 50.000€ / AVAQ y 100.000 € / AVAQ, y 6 superiores a 250.000 € / AVAQ. Todo esto no hace más que volver a despertar el debate sobre el valor del umbral coste-efectividad que como sociedad estamos dispuestos a pagar.

Los casos de Sovaldi y Avastin nos recuerdan que la sociedad no puede evitar tomar decisiones difíciles entre las tecnologías que mejoran la salud. A pesar de sus problemas, el umbral coste-efectividad es una herramienta útil para informar decisiones, y se debe utilizar con seriedad y consistencia. Es posible que, al precio actual, Sovaldi en ciertas poblaciones pueda encajar en los límites tradicionales de coste por AVAQ, pero su uso generalizado plantea serias dudas sobre la posibilidad de su reembolso y sobre los servicios que habría que dejar de proveer para poder financiarlo.

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