Conversaciones sobre género en el contexto enfermero

10 maig
Marc Fortes, Núria Rodríguez-Valiente, Mercè Salvat

Como cada 12 de mayo se celebra Día Internacional de la Enfermera y en conmemoración de esta fecha tres compañeros de profesión, Mercè Salvat, Marc Fortes y Núria Rodríguez, nos hemos encontrado para conversar sobre la relación entre el género y el cuidar.

Queremos compartir nuestras reflexiones sobre cómo socialmente la profesión se ha relacionado con aspectos vocacionales, altruistas, de submisión y de invisibilidad…, en definitiva, con los estereotipos sociales sobre el género femenino.

Durante esta conversación surgen preguntas como por qué en nuestra sociedad el término cuidar está asociado a la mujer, por qué este cuidar no tiene ni ha tenido reconocimiento social cuando la valoración es positiva durante los procesos de salud-efermedad, cómo lo viven los hombres que han elegido esta profesión y, finalmente, cómo sería posible “deconstruir” este constructo social y cultural.

Vamos por partes.

¿Por qué en nuestra sociedad el término cuidar está asociado a la mujer?

Es conocido que históricamente y en nuestra sociedad patriarcal, se ha vinculado a la mujer con la función reproductora y el cuidado doméstico. Este cuidado hay que contemplarlo en su sentido más amplio: desde tareas rutinarias de mantenimiento del hogar, al cuidado y mantenimiento de la salud de personas mayores, niños y familiares enfermos. A la vez, se le han atribuido una serie de connotaciones de servidumbre, abnegación, entrega incondicional, y en conjunto de poco valor. Por otro lado, en este contexto, al hombre se le ha relacionado con la producción y el sostenimiento económico de la unidad doméstica y se ha asociado con la profesionalidad y el prestigio social.

¿Por qué este cuidar no tiene ni ha tenido prestigio social?

Este constructo social profundamente arraigado ha naturalizado el hecho de cuidar con aquello femenino, llevándolo aún más allá con la asignación de estereotipos como la relación entre lo femenino, el cuidar y con la vocación-intuición-servilismo-invisibilidad social, para finalmente hacer también la asociación simbólica de profesiones fundamentada en la atención a las personas; éste sería el caso de la profesión enfermera. De hecho, la identificación estereotipada de la profesión se replica socialmente y el rol enfermero es una continuidad profesionalizada del cuidado doméstico (Germán, 2004).

Además, a este imaginario colectivo, mencionado préviamente, también tenemos que añadirle la perspectiva sexo-lúdica de la profesión, desgraciadamente presente, por ejemplo y entre los casos más recientes, en la campaña de la gripe del año 2017 del Ministerio de Salud y El programa Telepasión – El Musical 2017.

¿Cuál es la vivencia de los hombres que han elegido esta profesión?

Esta es la pregunta que los enfermeros nos hemos hecho siempre: ¿Qué problema hay por desempeñar esta profesión? ¿Alguién me hubiera cuestionado la decisión si hubiera decidido ser médico o farmacéutico? Esta es la primera de las batallas que debe librar un hombre que decide dedicarse profesionalmente a cuidar otras personas. Una batalla no con él mismo, sinó con los prejuicios socialmente establecidos. Intentaremos matizar brevemente algunos de estos prejuicios:

“Para cuidar hay que tener una sensibilidad especial que sólamente tienen las mujeres”. Parece que los hombres son fuertes, no pierden el tiempo en sensibilidades y por supuesto nunca lloran. Por suertes muchos hemos demostrado que los cuidados profesionalizados requieren una serie de habilidades que en primer lugar se pueden entrenar y que en segundo lugar no dependen del género en ningún caso, o como lo expone la politóloga Joan Tronto: “Cuidar no es más natural para las mujeres, lo hacen por el privilegio de los hombres”.

-Como hemos comentado antes, el constructo social dice que “los hombres son el puntal económico de la familia”. Actualmente, el sueldo medio de un enfermero quizás no permite sustentar una familia, en nuestra sociedad actual hay que hacer un planteamiento de la responsabilidad compartida hacia la gestión familiar.

“Los hombres que eligen una profesión de este tipo no son tan masculinos”, el constructo social hace que algunos hombres no desempeñen estas profesiones porque desde el imaginario social se cree que se puede poner en duda su masculinidad y consecuentemente, la superioridad de género. Además, este imaginario conduce a la atribución de la orientación sexual por el hecho de pertenecer a este colectivo.

¿Cómo sería posible deconstruir este constructo social y cultural?

La “deconstrucción” de este constructo social deberíamos encaminarla hacia la revolución de equiparar el cuidar con el curar, desde una perspectiva humanizada y no desde la perspectiva de género. Sin lugar a dudas, para cuidar es necesaria una predisposición hacia la solidaridad, el compromiso emocional y la flexibilidad pero estos grandes valores pertenecen a la humanidad y no a ningún género ni profesión. La perspectiva de género por si misma es enriquecedora y debería contribuir a hombres y a mujeres la condición de igualdad al desempeñar la profesión elegida independientemente de su género.

Para “deconstruir” el estereotipo de género en nuestra sociedad patriarcal, tendríamos que aprender que cuidar es una habilidad que tenemos las personas y que no tiene que ver con la dicotomía del género (Barragán, 2009). La mirada femenina o masculina independientemente del sexo es necesaria para el abordaje histórico y de futuro de nuestra profesión (Chamizo, 2004) y es más, pensamos que sería necesario añadir que es necesaria para abordar el presente y el futuro de la sociedad.

En este sentido, nuestras propuestas se dirigen hacia la definición de una línea estratégica común propuesta por los colegios profesionales sanitarios, donde se promuevan los valores democráticos impregnados en el cuidar.

Entrada elaborada por Núria Rodríguez-Valiente, Marc Fortes y Mercè Salvat.

Converses sobre gènere en el context infermer

10 maig
Marc Fortes, Núria Rodríguez-Valiente, Mercè Salvat

Com cada 12 de maig es celebra el Dia Internacional de la Infermera i en commemoració d’aquesta data tres companys de professió, la Mercè Salvat, el Marc Fortes i la Núria Rodríguez, ens hem trobat per conversar sobre la relació entre el gènere i cuidar.

Volem compartir les nostres reflexions sobre com socialment la professió s’ha relacionat amb aspectes vocacionals, altruistes, de submissió i d’invisibilitat…, en definitiva, amb els estereotips socials del gènere femení.

Durant aquesta conversa sorgeixen preguntes com per què a la nostra societat el terme cuidar està associat a la dona, per què aquest cuidar no té ni ha tingut reconeixement social quan la valoració és positiva durant els processos de salut-malaltia, com ho viuen els homes que han triat aquesta professió i, finalment, com seria possible “deconstruir” aquest constructe social i cultural.

Anem a pams.

Per què a la nostra societat el terme cuidar està associat a la dona?

És conegut que històricament i a la nostra societat patriarcal, la dona ha estat vinculada a la funció reproductora i a la cura domèstica. Aquesta cura l’hem de contemplar en el seu sentit més ampli: des de les feines rutinàries del manteniment de la llar, al guariment i manteniment de la salut de la gent gran, infants i familiars malalts. A la vegada, se li han atribuït tot un seguit de connotacions de servitud, abnegació, entrega incondicional, i en conjunt de poc valor. Per una altra banda, en aquest context, a l’home se l’ha relacionat amb la producció i el sosteniment econòmic de la unitat domèstica associat amb la professionalitat i el prestigi social.

Per què aquest cuidar no té ni ha tingut prestigi social?

Aquest constructe social profundament arrelat ha naturalitzat el fet del cuidar com allò femení, portant-ho encara més enllà amb l’assignació d’estereotips com la relació entre allò femení, el cuidar i amb la vocació-intuïció-servilisme-invisibilitat social, per a finalment, fer també l’associació simbòlica de professions fonamentades en l’atenció a les persones; aquest seria el cas de la professió infermera.  De fet, la identificació estereotipada de la professió es replica socialment i el rol infermer és una continuïtat professionalitzada de la cura domèstica (Germán, 2004).

A més a més, a aquest imaginari col·lectiu, mencionat prèviament, també li hem d’afegir la perspectiva sexo-lúdica de la professió, que malauradament continua estant present, com per exemple i entre els casos més recents,  la campanya de la grip de l’any 2017 del Ministerio de Salud i El programa Telepasión – El Musical 2017.

Quina és la vivència dels homes que han triat aquesta professió?

Aquesta és la pregunta que els infermers ens hem fet sempre: Quin problema hi ha per desenvolupar aquesta professió? Algú m’hagués qüestionat la decisió si hagués decidit ser metge o farmacèutic? Aquesta és la primera de les batalles que ha de lliurar un home que decideix dedicar-se professionalment a cuidar d’altres persones. Una batalla no pas amb ell mateix, sinó amb els prejudicis socialment establerts. Intentarem matissar breument, alguns d’aquests prejudicis:

“Per cuidar cal una sensibilitat especial que només tenen les dones”. Sembla ser que els homes són forts, no perden el temps en sensibilitats i per descomptat mai ploren. Per sort molts hem demostrat que les cures professionalitzades requereixen d’una sèrie d’habilitats que en primer lloc es poden entrenar i que en segon lloc no depenen del gènere en cap cas, o com ho exposa la politòloga Joan Tronto: “Cuidar no és més natural per a les dones, ho fan pel privilegi dels homes”

-Tal i com hem comentat abans, el constructe social diu que “els homes són el puntal econòmic de la família”. Actualment, el sou mig d’un infermer potser no permet sustentar una família, en la nostra societat actual cal fer el plantejament de la responsabilitat compartida envers la gestió familiar.

“Els homes que trien una professió d’aquest tipus, no són tan masculins”, el constructe social fa que alguns homes no desenvolupin aquestes professions perquè des de l’imaginari social es creu que es pot posar en dubte la seva masculinitat i conseqüentment, la superioritat de gènere. A més a més, aquest imaginari condueix a l’atribució de l’orientació sexual pel fet de pertànyer a aquest col·lectiu.

Com seria possible deconstruir aquest constructe social i cultural?

La “deconstrucció” d’aquest constructe social l’hauríem d’encaminar cap a la revolució d’equiparar el cuidar amb el curar, des d’una perspectiva humanitzada i no des de la perspectiva de gènere. Sense cap dubte, per cuidar és necessària una predisposició cap a la solidaritat, el compromís emocional i la flexibilitat però, aquests grans valors pertanyen a la humanitat i no a cap gènere ni a cap professió. La perspectiva de gènere per si mateixa és enriquidora i hauria de contribuir a homes i dones la condició d’igualtat al desenvolupar la professió triada independentment del seu gènere.

Per tal de “deconstruir” l’estereotip de gènere en la nostra societat patriarcal, hauríem d’aprendre que cuidar és una habilitat que tenim les persones i no té a veure amb la dicotomia del gènere (Barragán, 2009). La mirada femenina o masculina independentment del sexe és necessària per a l’abordatge històric i de futur de la nostra professió (Chamizo, 2004) i és més, pensem que caldria afegir que és necessària per a abordar el present i el futur de la societat.

En aquest sentit, les nostres propostes es dirigeixen cap a la definició d’una línia estratègica comuna proposada pels col·legis professionals sanitaris, on es promoguin els valors democràtics impregnats en el tenir cura i en el cuidar.

Entrada elaborada per Núria Rodríguez-Valiente, Marc Fortes i Mercè Salvat.

Les infermeres de Barcelona adopten la cultura del diàleg per definir el seu futur professional

5 abr.
Glòria Novel i Núria Cuxart

Fer-se preguntes, refer les preguntes, replantejar-se com volem ser, què necessitem i com volem que la societat ens conegui i reconegui. Aquest és, sens dubte, un exercici difícil de fer com a individus però encara és més complicat fer-ho com a professió.

Posar-se d’acord no és gens fàcil. Cal entrenament, mètode i ganes de fer-ho. Amb aquestes premisses clares, des del Col·legi d’Infermeres i Infermers de Barcelona (COIB) vam endegar el projecte RESET.

De la mà de l’empresa Diàlegs, especialitzada en mediació en salut, vam posar en marxa un procés de participació inèdit en el si de la professió infermera en què hem anat al territori a conèixer les inquietuds, les necessitats, els desitjos, les queixes i les propostes de les infermeres de Barcelona.

Un procés, que ha durat tot l’any 2017, i que ens ha aportat a la corporació l’encàrrec de les línies estratègiques que les col·legiades i col·legiats de Barcelona volen que treballem i milers d’idees que proposen processar.

La dificultat del projecte era important. A la dispersió territorial i les dificultats per aconseguir la implicació de les infermeres, s’hi sumava plantejar una dinàmica que havia de ser participativa que possibilités entorns de conversa, de discussió i de consens entre centenars d’infermeres i infermers amb realitats professionals diferents i, per tant, amb prioritats diverses.

L’empresa Diàlegs va assumir el repte de fer-ho possible a través d’un procés de 12 mesos en què es va treballar amb metodologies participatives, per tal de definir l’estat actual de la professió i el futur desitjat. El marc inspirador del projecte es va sustentar en els principis, valors i metodologies mediadores, fet que va impulsar una visió àmplia i necessàriament inclusiva de les diferències i sensibilitats del col·lectiu infermer.

El projecte RESET es va dur a terme en tres fases diferenciades: En la primera etapa es va començar amb debats oberts mitjançant cercles de diàleg. Els cercles van suposar una recollida exhaustiva d’informació molt valuosa que va servir de base per desenvolupar les següents etapes que van consistir en dues jornades de consens: una per acordar el diagnòstic de situació de la professió i una altre per definir el futur amb els objectius i línies d’acció a desenvolupar.

Com a resultats d’aquestes tres etapes del projecte RESET, es van realitzar 52 cercles de diàleg amb un total de 925 participacions, és a dir, persones que van participar una o més vegades. Es van recollir 3.762 idees i unes propostes de futur amb 9 eixos temàtics i 65 línies d’acció consensuades. El nivell de satisfacció va ser molt elevat i les participants van mostrar un alt grau d’interès en continuar en el projecte, repetint participacions al llarg de les tres etapes.

Cal dir que una de les claus de l’èxit del procés ha estat el gran nombre de persones que des dels inicis es van comprometre amb el projecte. Ens referim al que vam denominar Grup Impulsor format per 208 persones (amb representació de tot el territori, posició i sensibilitats) que van treballar des dels inicis tant en el co-disseny d’aspectes específics com en la difusió, organització dels cercles de diàleg i participació en les jornades de consens.

Més enllà dels resultats del projecte RESET, que són a la fi un compromís de canvi amb implicacions en els propers anys, ens queda un aprenentatge important, segurament extrapolable a les disciplines professionals de la salut que ens organitzem de forma col·legial. Cal seguir fent-nos preguntes des de dins i des de fora de les organitzacions col·legials per impulsar el canvi i el desenvolupament en positiu de tots els aspectes que ens cohesionen com a professionals. La continuïtat en la cultura del diàleg és un dels reptes amb més pes dels recollits en aquest emocionant procés. Així ens ho han fet saber les infermeres que han participat en el projecte RESET. I per tant, des del COIB, aquest és el compromís.

Entrada elaborada per Núria Cuxart Ainaud, directora de programes del COIB, i Glòria Novel Martí, directora fundadora de Diàlegs.