Alfabetismo en salud, una necesidad

26 Ene
Mercè Piqueras 2016
Mercè Piqueras

Tradicionalmente, el conocimiento médico se ha considerado una exclusiva de los profesionales  de la medicina. Los pacientes eran sujetos pasivos que escuchaban el diagnóstico sin casi entenderlo y seguían -o no- las instrucciones que el médico indicaba. Actualmente, en cambio, se cree conveniente que los pacientes tengan unos conocimientos médicos básicos que les permitan interaccionar con el médico, tomar decisiones sobre su salud y evitar errores que podrían tener graves repercusiones.

Uno de los temas debatidos en el Fóum Europeo de Salud de 2016 (este Fórum és un encuentro anual organizado por la Comisión Europea en Bad Hofgastein, Austria, para debatir temas relacionados con la salud que afectan los países europeos) ha sido el alfabetismo en salud, que es como se denomina la capacidad que tiene una persona para acceder a la información relevante para la propia salud o de la sociedad y entenderla y valorarla. Hace referencia tanto a la comprensión de aquello que dice el médico al paciente y del contenido de los prospectos de los medicamentos como a la capacidad de reconocer si la información sobre salud en los medios es fiable, entender la información en el etiquetado de los alimentos y participar en actividades que mejoren la salud y el bienestar.

El verano de 2011 se hizo la primera encuesta europea sobre alfabetismo en salud. Participaron ocho estados de la Unión Europea y el cuestionario estaba basado en tres aspectos (asistencia sanitaria, prevención de enfermedades y promoción de la salud) y en cuatro fases del procesado e información (acceso, comprensión, valoración y aplicación).

Health Literacy

Si bien en los Países Bajos más del 70% de la población tiene conocimientos suficientes o excelentes, en el estado español este porcentaje es del 41,7% y es donde hay un porcentaje más alto de situación problemática (el 50,08%).

Estudios parecidos hechos en los Estados Unidos indicaban que la falta de alfabetismo en salud conlleva riesgos, frena la autogestión de la enfermedad y hace aumentar las visitas médicas y los ingresos hospitalarios y, por tanto, el gasto en salud.

El alfabetismo en salud no es paralelo al grado de alfabetismo en general. Por ejemplo, el consumo de productos homeopáticos, la prevención contra la vacunación, o la creencia que los productos transgénicos son nocivos para la salud son actitudes extendidas en algunos sectores instruídos y con un bagaje cultural alto, pero con un conocimiento erróneo o sesgado sobre determinados temas de salud. Desafortunadamente, estas personas creen estar bien informadas y probablemente sea el sector de la población donde más difícil será erradicar este tipo de analfabetismo.

Entrada elaborada por Mercè Piqueras (@lectoracorrent), bióloga, dedicada a la divulgación, la edición científica y la traducción, presidenta de la Asociación Catalana de Comunicación Científica en el período 2006-2011.

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